“Ustedes podrán observar la certeza positiva con la que Juan habla, y quizás podrían preguntarse ustedes mismos, ‘¿Dé donde surgió esta certeza positiva en el seno de Juan?’ Pues Juan mismo nos lo dirá. ‘Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos.’ (1 Juan 1:1-4.). Él no estaba hablando de algo meramente probable, no hubo ‘quizás’, o ‘acaso’, o ‘peros’ en su conocimiento, ya que no hay nada de ese lenguaje en su declaración. Pues él había visto con sus ojos a la Persona de Cristo, él había oído con sus oídos la voz de Jesús, él había tocado con sus manos a Jesús, como Verbo de vida, y por lo tanto lo conocía por el testimonio de su vista, por el testimonio de su oído, por el testimonio de sus manos y por el testimonio de su corazón, con el cual habló a nosotros; y lo que él por inspiración divina había registrado en la palabra de verdad, que era que debíamos tener comunión con Él y con todos los santos de Dios…Fue necesario que los apóstoles deban tener la cantidad completa de certidumbre, y especialmente aquellos quienes fueron inspirados a escribir la Sagrada Escritura, para ser el alimento de fe de la Iglesia a través de las edades. Ellos creyeron lo que sus ojos habían visto y sus oídos oído con la más completa de las certezas, y habiéndonos dado testimonio de este conocimiento verdadero en la palabra de verdad, nosotros ahora creemos en su testimonio.  Así entonces, teniendo una medida de la misma enseñanza divina, del mismo testimonio divino y de la misma divina revelación, podemos decir no tal vez con la misma cantidad y plenitud de confianza, pero sí con una cuota de ella, y de acuerdo a la fortaleza de nuestra fe, que: ‘Sabemos que el Hijo de Dios ha venido.’” (Sermones, Vol.9, p.9-11)

Traducido por José de la Fuente

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