Ángeles creados para el Hijo.

“Los Ángeles fueron creados por Cristo y para Cristo, no solamente para admirarle y adorarle, sino también para servirle. Acertadamente el Salmista escribió, ‘quien hace a Sus ángeles espíritus; a Sus ministros llama de fuego’… …A propósito de los Ángeles caídos, los cuales se rebelaron contra Dios, quienes están para siempre hundidos en la desesperanza, separados de ÉL; incluso éstos fueron creados por Cristo y para Cristo; aunque ellos lo odien, están obligados a obedecerlo, ya que Él es Señor sobre todo. Inclusive su malicia contra el pueblo de Dios solo manifestará más Su amor hacia ellos, y manifestará Su vigilancia, y sabiduría y poder en beneficio de ellos.”

El Mundo creado para el Hijo.

“El eterno Logos fue el Creador de este mundo; así como los reinos en lo alto. No existe colina ni valle, manantial ni espumoso mar que Él no haya hecho. ‘Suyo es el mar, pues El lo hizo, y sus manos formaron la tierra firme.’ Ciertamente Él es el Creador de esta tierra y fue formada para Él; y por Él. Fue especialmente hecha para ser el lugar de residencia de Su pueblo, lugar en el cual ellos caerían en pecado y el lugar en el cual, ellos serían restaurados por medio de la redención lograda ahí por Cristo Jesús en la cruz del Calvario. Este mundo fue creado por Cristo como el lugar en el cual Él mismo viviría y obraría, y sufriría, y moriría. Como bebé Él sería acostado a un pesebre terrenal; como niño y hombre, Él caminaría a través de calles y veredas de este mundo; Él pasaría por lo que los humanos pasaron, y sufriría como los moradores de este mundo sufrieron; aunque nunca por medio de algún pecado en Él. Yo podría decir con certeza que el mundo en su totalidad fue creado para el Calvario. ‘¿Por qué saltáis vosotros, vosotros montes altos?’; el pequeño montículo a las afueras de las puertas de Jerusalén, explica vuestra misma existencia. El mundo en sí, fue creado para que Cristo pudiera morir en el Calvario. Esta Tierra fue un tipo de escenario, sobre el cual, Cristo tomó el papel principal en este grandioso drama que el universo en su totalidad jamás atestiguó. El mundo fue hecho por Él y para Él, y permanecerá hasta que Su glorioso propósito de Amor y Misericordia, esté completamente consumado”.

Los Hombres creados para el Hijo.

“Y en cuanto a nosotros; los hombres fuimos creados por Cristo y para Cristo. Quizá el Creador quiso mostrar su poder y destreza en un nuevo orden de seres creados. Él ha hecho seres espirituales, y Él ha hecho substancias materiales; Él ha creado varias formas de vida, desde lo vegetal hasta lo animal; pero Él decidió que debería haber un espíritu creado que fuera afín con lo material y que ese espíritu pudiera, al final, cuando haya pasado cada etapa, convertirse en la más maravillosa criatura de todo el universo, una criatura que puede conocer el mal, no meramente por informes, sino por experiencia personal real; una criatura que puede, después de todo, ser liberado del poder del mal, y se pueda sujetar a Dios por lazos de gratitud tan fuertes que nunca pueda revelarse contra Él otra vez. Esta criatura, conociendo el mal y conociendo el bien, fortalecido por la gracia divina, pueda, por su propia y libre voluntad, adherirse a lo bueno y evitar el mal, y sería por siempre el mejor aliado de Dios contra la rebeldía en Sus dominios; esta criatura, aunque tuvo conocimiento del mal, fue para venir a ser un hijo de Dios y para ser partícipe de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Estas criaturas, en parte espirituales y en parte materiales, tienen como cabeza a Cristo Jesús, quien ha de ser el modelo de todos ellos, quienes han de ser como Él, y ser Su compañía por siempre; ser para Él, más que compañeros, ser sus amigos, con quienes Él pueda mantener relación familiar; y ser para Él incluso más que amigos, que estén unidos a Él en una relación conyugal para ser completamente uno con Él, de tal que ellos puedan ser “miembros de Su cuerpo, de Su carne, de Sus huesos”, que Su vida pueda ser la vida de ellos y que la vida de ellos provenga de Él.”

(The Metropolitan Tabernacle, Vol.56, p.28-31)

Traducido por Absalón Madrigal

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