J.L. Dagg escribe, “Un arquitecto puede construir una casa, la cual, una vez completada, puede sostenerse, independiente de su labor y habilidad, un monumento a ambos cuando él haya caído en las manos de la muerte; y somos propensos a concebir que la obra de Dios puede sustentarse de igual manera, si es dejada por sí misma, sin Su constante cuidado y apoyo. Pero los casos son ampliamente diferentes. El arquitecto humano encuentra los materiales que usa los cuales ya están en existencia; y toda su obra consiste en cambiar su forma, y combinarlos en un nuevo orden. Las materias usadas no recibieron su existencia de él; y la existencia independiente que poseían antes que el arquitecto las tocase, fue conservada después de que su mano fuera retirada. Pero la misma materia, así también como la forma, de todas las cosas creadas, vinieron de la mano de Dios; y el retiro de esa mano dejaría sus existencias sin apoyo, de lo contrario la expresión, “quien sustenta todas las cosas” no tendría un significado apropiado.” (Manual de Teología, p.116)

John Eadie escribe, “Todas las cosas fueron unidas, y todavía se mantienen unidas en Él. La energía [Cristo] que creó es la única capaz de sustentarla, cada momento sucesivo de la providencia es, por así decirlo, una sucesiva de la creación. En Él reposa esta sustentación de todas las cosas. Él es la condición de la existencia primaria y prolongada de ellos. ¡Qué amplia vista de la dignidad de Cristo! Su brazo sostiene el universo, y si fuera quitado, todas las cosas se desvanecerían a su inexistencia original. Su gran imperio depende de Él en todas sus áreas – vida, mente, sensación, y materia; átomos bajo nosotros a los cuales la geología no ha descendido, y estrellas sobre nosotros a las que la astronomía nunca ha penetrado. Él alimenta al Sol con combustible, y oculta la Luna en belleza. Él guía a los planetas en su trayecto, y los guarda de colisiones y desorden… y de este modo el balance universal es preservado, el caos que lanzaría alrededor del mundo el ataúd de la muerte. El orden nunca es violado, el árbol produce fruto ‘según su género’, y de acuerdo al mandato original. La noche y la mañana se alternan en rauda y segura sucesión. El fuerte y el insignificante son iguales para Él cuya supervisión acoge la extinción de un mundo y la caída del pajarillo. Los ‘innumerables seres en el grande y anchuroso mar’ miran hacia Él, y les abre Su mano y ‘se sacian de bien;’ así también el leviatán que fue hecho ‘para que jugase en él,’ como el insecto que construye su celdilla de coral – primero su morada y luego su tumba. Cada pulsación de nuestros corazones depende de Su soberana beneficencia que nos viste y alimenta. El intelecto del querubín refleja Su luz, y el fuego del serafín no es más que el resplandor de Su amor. Todas las cosas que Él ha evocado a la existencia tienen su constante subsistencia en Él.” (Colosenses, p.59-60)

 Matthew Poole escribe, “Luego continua más a fondo este argumento de la excelencia y perfección de Cristo, que Él no sólo es el Creador o Fundador, sino que así mismo el Sustentador o Soporte, de todas las cosas cualquiera que sean creadas, en efecto, incluso de las más excelentes y útiles de ellas, las cuales en Él viven y se mueven (Hechos 17:28; Hebreos 1:3). Siendo Él el preservador así como la causa procreadora de los cielos y la tierra, con todas las cosas en ella. (MPC, Vol.3 p.709)

John Gill escribe, “Él sustenta todas las cosas por la palabra de Su poder; los cielos poseen su estabilidad y continuidad de Él; las columnas de la tierra son sostenidas por Él, de otra forma los habitantes de ella se disolverían; los ángeles en el cielo son confirmados en su estado por Él, y tienen su posición y seguridad en Él; los escogidos de Dios están en Sus manos, y son Su cuidado y responsabilidad peculiar, y por lo tanto nunca perecerán; en efecto, toda la humanidad vive y se mueve, y tiene su ser en Él; la imagen completa de la naturaleza estallaría y rompería en pedazos, si no fuera retenida por Él; cada ser creado tiene su apoyo por Él, y su consistencia en Él; y todos los asuntos de Providencia en relación a todas las criaturas son gobernados, dirigidos, y manejados por Él, en conjunto con el Padre y el bendito Espíritu.” (EONT, Vol.9, p.173)

Traducido por Jorge Saavedra

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