J.C. Philpot escribe, “¡Oh, esa preciosa Sangre! Como he pensado y dicho en algunas ocasiones: ¡La Deidad estaba en cada gota!” (Traducido de Gospel Pulpit, Vol.1, p.154).  

Alxander Nisbet escribe, “Nada menos podría ser suficiente rescate por los perdidos pecadores que la sangre de Jesucristo. Los favores a ser comprados para ellos, para hacerlos eternamente bendecidos, para que vengan a ser de infinito valor, y a sentencia de muerte eterna que fue pasada sobre toda la posteridad de Adán; ya sea que todos debieran morir, o uno que valiera por todos [los demás]; y ese uno nunca hubiera sido encontrado si Dios no hubiera provisto a Su Hijo para ser un hombre; de tal manera que el hombre pudiera ser redimido con la preciosa sangre de Cristo” (Traducido de Geneva Series, 1ª Pedro, p.45).

Charles Spurgeon escribe, “…la sangre de Jesucristo. ¡Aquí, el poder del discurso fracasaría para transmitirte una idea de la hermosura! Contemple aquí a una persona inocente, sin mancha en su interior o falla en lo exterior; una persona virtuosa, que magnificó la Ley y la hizo honorable – una persona que sirvió a ambos, a Dios y al hombre incluso hasta la muerte. No, es más, aquí tiene usted a una persona divina – tan Divina, que, en Hechos de los Apóstoles, Pablo llama a Su sangre, la ‘sangre de Dios.’ Coloca inocencia, y mérito, y dignidad, y posición y divinidad misma, en la balanza y después concibe cuanto debe ser el inestimable valor de la sangre derramada de Jesucristo. Los ángeles debieron haber visto ese inigualable derramamiento de sangre maravillados y asombrados, e incluso Dios mismo vio lo que nunca antes había sido visto en la creación o en la providencia; Él se vio a Sí mismo  más gloriosamente manifestado que queen todo el universo alrededor” (Traducido de The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Vol.11, p.172).

Charles Spurgeon escribe: “En nuestra conversación teológica estamos llegando a usar la palabra “sangre,” por así decirlo, ligeramente. Me parece que nunca deberíamos usarla sin estremecimiento… No pase pues por alto una palabra como esta -sangre-, la sangre de Jesucristo, el querido Hijo de Dios; cuando usted lea de Su ser ‘Precioso’, recuerde que la palabra nunca tuvo tal riqueza de significado en ella antes; en ninguna de sus aplicaciones. Metales preciosos -oro y plata; piedras preciosas – ónice, y  ágata, y diamante – estos son solo llamativos juguetes comparados con la preciosa sangre de Cristo; preciosa, porque Él es Dios así como hombre; preciosa porque Él es el amado de Jehová – el Cordero de Dios, sin mancha y sin defecto; preciosa cuando usted piensa en el diseño de Dios; preciosa cuando usted contempla los efectos que produce; preciosa, ciertamente, para el corazón de cada pecador perdonado; y preciosa en el canto de cada Espíritu glorificado delante del trono” (Traducido de The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Vol.60, p.97-98).

Mathew Henry escribe, “La Vida Eterna es una joya de un valor demasiado grande para ser comprada por las riquezas de este mundo… Cristo hizo por nosotros lo que todas las riquezas de este mundo no podrían; bueno, por esto sea Él más amado por nosotros que cualquier cosa mundana” (Traducido por MHC, Vol.3, p.421).

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