Thomas Watson escribe, “El nació de una virgen, para que pudiésemos nacer de Dios. Él tomó nuestra carne, para que Él pueda darnos Su Espíritu. Él descansó en el pesebre para que nosotros pudiéramos descansar en el paraíso. Él bajó del cielo, para que Él pueda llevarnos al cielo… Si nuestros corazones no fueren rocas, el amor de Cristo debería afectarnos. He aquí el amor que sobrepasa el conocimiento (Efesios 3:19)”. (Traducido de A Body of Divinity, p.196).

Charles Hodge escribe, “Los creyentes son hechos ricos al poseer de la gloria la cual Cristo dejó a un lado, o encubrió. Ellos son hechos participes de la divina naturaleza (2 Pedro 1:4). Esto es la exaltación y dicha de la santidad divina. Esto es divino no solo porque su origen proviene de Dios, sino también por su naturaleza. Por lo cual nuestro Señor dice, “La gloria que me diste, yo les he dado” (Juan 17:22). Por lo tanto se dice que los creyentes son glorificados con Cristo y reinan con él (Romanos 8:17). El precio de esta exaltación y eterna dicha de su pueblo fue Su propia pobreza. Es por Su pobreza que nosotros somos hechos ricos. Si Él no se  hubiera sometido a toda la humillación de Su encarnación y muerte, nosotros habríamos permanecido pobres por siempre, destituidos de toda santidad, felicidad y gloria”. (I y II de Corintios, p. 577)

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