Charles Spurgeon escribe, “Cada religión pagana tiene su misterio, su doctrina secreta revelada sólo a los iniciados, el cual fue retenido para ser la esencia de la fe. El misterio de algunas religiones fue mera espuma, tonterías si fuese falso, y si fuese cierto sin ninguna consecuencia para nadie; pero incluso aquellos que no creen los hechos de nuestra religión no pueden mantener un debate con nosotros acerca de la inexplicable grandeza de éstos, si son son ciertamente verdad. Siendo un hombre tal y como es, si es razonable admitirá que el Cristianismo no trata con minucias. Como el águila, no caza moscas, éste aspira conquistar los temas más elevados del pensamiento. Correctos o Errados, los temas con los cuales tratamos no son secundarios, sino que llevan sobre ellos un reverente interés el cual nadie sino los frívolos desprecian.

Thomas Boston escribe, “Ver a un rey volverse esclavo, y la orden de ángeles degradados a gusanos que se arrastran, sería cuestión de asombro; pero algo mayor está aquí, concretamente. Dios no se volvió un ángel, aunque eso hubiera sido infinitamente por debajo de él, sino un hombre, un hijo de Adán, teniendo la semejanza de carne de pecado. Por lo tanto el apóstol exclama con admiración, “Grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en la carne. ¡Oh, profunda humillación! Mucho mayor que si todas las criaturas hubiesen sido degradadas al más bajo grado de existencia.” (Traducido de Works, Vol.1, p.491).

J.C. Philpot escribe, “Un misterio ciertamente es este, un gran, un profundo, un insondable misterio; para quien puede verdaderamente entender ¿cómo la divina Palabra, el eterno Hijo de Dios, fue hecho carne, y habitó entre nosotros? … Estas son las cosas que los ángeles anhelan observar; las cuales no pueden entender, pero reverentemente adoran. Y bien podríamos imitar su admiración adoradora, no tratando de entender, pero creer, amar y reverenciar; para bien se ha dicho: “donde la razón falla, con todo sus poderes, la fe cree, y el amor adora” (Traducido de Harvested Sheaves, p. 351)

Octavius Winslow escribe, “Pero nos maravillamos en el hecho (i.e. la encarnación) mismo. Nos sorprende; su humildad nos hace humildes, su gloria nos deslumbra, su ternura nos somete, su amor nos domina. Que el no creado Hijo de Dios se convirtiera en el creado Hijo del hombre; que la Eterna Palabra sea hecha carne y habite con los hombres; que Él asumiera un nuevo título, entrelazando en las asombrosas letras que componen Su nombre divino otros nombres que denotan su naturaleza inferior como hombre y así revelándose a  Sí mismo como Jehová-Jesús ¡que maravilloso, e incomparable pensamiento!” (Traducido de  Evening Thoughts, p. 705)

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