“Cristo se encarnó, o lo que es lo mismo, se hizo hombre, para poder tener Él mismo la capacidad de llevar a cabo nuestra redención. Pues aunque Cristo, como Dios, era infinitamente suficiente para la obra, sin embargo para Él estar en la inmediata capacidad para hacerlo, le era necesario no solamente ser Dios, sino también hombre. Si Cristo sólo hubiera permanecido en la naturaleza divina, Él no hubiera tenido la capacidad de comprar nuestra salvación; no por alguna imperfección de la naturaleza divina; sino por la razón de su absoluta e infinita perfección (de Su naturaleza): ya que Cristo, siendo meramente como Dios, no sería capaz de cumplir ni con la obediencia o el sufrimiento que era necesario. La naturaleza divina no es capaz de sufrir; porque está infinitamente por encima de todo sufrimiento. Tampoco es capaz de mostrar obediencia a aquella ley que le fue dada a los hombres. Es igual de imposible que uno que fuera solamente Dios debiera obedecer la ley que fue dada a los hombres, como que Él tuviera que sufrir el castigo destinado a los hombres.

Era necesario no sólo que Cristo tomara sobre Él una naturaleza creada, sino que tomara sobre Él nuestra naturaleza. No hubiera bastado si Cristo se hubiera vuelto un ángel y hubiera obedecido y sufrido en la naturaleza angelical. Sino que era necesario que Él se vuelva un hombre debido a tres razones.

1. Era necesario para poder cumplir la ley, que la propia naturaleza a la cual se le dio la ley, la cumpliera. La ley dada al hombre no se podía cumplir de otra forma que siendo obedecida por el hombre. Dios insistió en esto, que la ley que Él había dado al hombre sería honrada y cumplida por la naturaleza humana, de otra manera la ley no sería cumplida por los hombres. Las palabras, “No comerás,” etc., fueron pronunciadas para la humanidad, para la naturaleza humana; por tanto la naturaleza humana debe cumplirlas.

2. Era necesario para hacer cumplir la ley que la naturaleza que pecó muriera. Estas palabras, “ciertamente morirás,” (Génesis 2:17) eran para la naturaleza humana. La misma naturaleza a la que se le dirigió el mandamiento, fue a la que se le dijo esta amenaza.

3. A Dios le pareció apropiado que el mismo mundo que fue escenario de la caída y ruina del hombre, fuera también el marco donde ocurriera Su redención. Leemos con frecuencia de Su llegada al mundo para salvar a los pecadores y de cómo Dios lo envió a Él al mundo para este propósito. —Era necesario que Él viniera a este pecador, miserable y deshecho mundo, para restaurarlo y salvarlo. Para la restauración del hombre era necesario que Él se rebajara a ser hombre, que viniera a la propia morada del hombre y que hiciera tabernáculo con nosotros: Juan 1:14, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”

Traducido de Obras, Vol.1, p.572

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