“porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Hebreos 10:4

Arthur W. Pink escribe, “Era imposible para cualquier simple criatura satisfacer las demandas del todopoderoso Gobernador del universo. El ángel más alto nunca hubiera podido compensar adecuadamente el mal enorme que el pecado había hecho a Dios, ni reparar la pérdida de Su gloria manifestativa; así es, si la humanidad santa y sin pecado de Cristo no hubiera estando unida en Su deidad, en la cual Él realizó la estupenda obra de la redención, nada mas hubiera podido satisfacer las demandas de Dios ni merecer la salvación eterna para Su pueblo. Mucho menos podría la sangre de las bestias reivindicar el honor de una Majestad infinita, apaciguar Su justa ira, satisfacer las exigencias de Su santa ley, ni siquiera limpiar la conciencia y el corazón del hombre ‘La sangre de los toros y las cabras era externa, algo terrenal y carnal; Pero quitar el pecado era un asunto interno, divino y espiritual’ (W. Gouge). Aunque los sacrificios Levíticos poseídos por institución de Dios, y la eficacia para eliminar una contaminación ceremonial externa, no podían quitar una contaminación interior y moral.” (Hebreos, Vol. 1, p.536)

William Gurnall escribe, “No hay proporción entre la sangre de bestias, aunque se ensanchara a hacer un río o un mar y el demérito del más mínimo pecado. El pecado del hombre merece la muerte del hombre, y éste eternamente, tanto de cuerpo como de alma, en el infierno. Este es el precio que Dios ha puesto sobre la cabeza de todo pecado. Ahora bien, la muerte de las bestias está tan por debajo del precio que la justicia divina demanda como la satisfacción por el pecado cometido contra Él, así está tan por debajo como está de poder apaciguar la conciencia del pecador — la cual requiere tanto igual para apaciguarla, si, tanto igual, como para satisfacer la justicia de Dios mismo. Pero en el Evangelio, he aquí, las buenas nuevas son traídas a los oídos del pecador, de una fuente de sangre ahí abierta, que por su preciosidad está tan por encima del precio que la justicia divina demanda por el pecado del hombre, como la sangre de toros y bestias estaba tan por debajo de ella; y ésta es la sangre de Jesucristo, quien libremente la derramo en la cruz y quien por ella ‘obtuvo eterna redención para nosotros’ (Hebreos 9:12). Esta es la puerta por donde toda verdad y paz entra en la conciencia. Por lo tanto, estamos dirigidos a profundizar nuestra confianza y a traer nuestro consuelo aquí, y en ningún otro lugar.” (Armadura completa, Vol.1, p.523).

Arthur W. Pink escribe, “No había ninguna proporción entre los deméritos infinitos del pecado, las demandas de la justicia de Dios y la matanza de bestias. Sea la cuestión vista a la luz de la naturaleza de Dios, del alma del hombre o de la gran pecaminosidad del pecado, era obvio que la sangre de toros y cabras no podían de ninguna manera hacer posible propiciación (Hebreos 10: 4). Este hecho, tampoco fue totalmente desconocido en los tiempos del Antiguo Testamento: ¿No declaró uno de los profetas de Jehová, ‘Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?’ – Miqueas 6:6-7” (Hebreos, Vol.1, p.538-539).

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