Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: “Padre, sálvame de esta hora”? Pero para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.. – Juan 12: 27-28

 

«Observe muy bien que el texto indica la profunda intención , que se afirmó la determinación de nuestro Señor. ¿Por qué Cristo está resuelto a morir? ¿Es para salvar a los hombres? Sí, pero no como la razón principal. Su primera oración no es, «Padre, salva a mi pueblo», sino «Padre, glorifica Tu nombre.» La gloria de Dios era el principal fin y el objeto de la vida y la muerte de nuestro Salvador. Es para que el nombre del Padre pueda ser ilustre que Jesús tendría almas redimidas. Su pasión tenía como principal intención la exposición de los atributos de Dios. Y, hermanos, cuán completamente ha glorificado el nombre de Jehová! En la cruz vemos la justicia divina en las heridas sangrantes del gran Sustituto, por que el Hijo de Dios debe morir necesariamente cuando pecado es puesto sobre Él. Allí también ustedes contemplan sabiduría infinita, porque qué sino la infalible sabiduría podría haber ideado la forma en la que Dios pueda ser justo y también el que justifica al que cree.  Allí, también, está el amor, rico, libre, sin límites amor nunca tan evidente como en la muerte del Redentor del hombre. Hasta el día de hoy sigue quedando una pregunta relacionada a la propiciación, ¿cuál de estás la describe mejor, justicia, sabiduría, o amor? En la propiciación los atributos divinos son todos tan perfectamente glorificados que ninguno desplaza al otro: cada uno tiene su completa demostración sin disminuir el más mínimo grado de la gloria del otro. Para que el Padre sea glorificado, nuestro bendito Señor, continuó hasta el fin que había puesto delante de Él. Sea cual sea el conflicto que pudiera estar dentro de Su espíritu, Su corazón tenía el objetivo de llevar a la muerte nuestra carga, y sufriendo hasta el final nuestro castigo».

(El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano, Vol.24, p.6)

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