Proverbios 8:22-31: El Señor me poseyó al principio de su camino, antes de sus obras de tiempos pasados. Desde la eternidad fui establecida, desde el principio, desde los orígenes de la tierra. Cuando no había abismos fui engendrada, cuando no había manantiales abundantes en aguas. Antes que los montes fueran asentados, antes que las colinas, fui engendrada, cuando El no había hecho aún la tierra y los campos, ni el polvo primero del mundo. Cuando estableció los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando arriba afirmó los cielos, cuando las fuentes del abismo se afianzaron, cuando al mar puso sus límites para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba entonces junto a El, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres. LBLA

W.J. Deane and S.T. Taylor Escriben: “Es imposible decidir cuál fue la exacta visión del escritor con respecto a la sabiduría de la cual habla tan elocuentemente; pero no cabe duda que él estuvo tan guiado en su dicción como en darle expresión a la idea de lo que según San Juan llama la Palabra de Dios. El lenguaje utilizado no es aplicable a un atributo impersonal, a una facultad abstracta de Dios. Esto describe la naturaleza y oficio de una persona; y quién es esa persona lo aprenderemos en las cartas de las Escrituras, las cuales hablan de Cristo como la «Sabiduría de Dios» (Lucas 11:49) y el Poder de Dios y de la Sabiduría de Dios (I Corintios 1:24) Si limitamos nuestra investigación a la interrogante – ¿Qué estuvo en la mente del autor cuando él editó este maravilloso párrafo concerniente a la sabiduría? fracasaremos en aprehender su verdadero significado, y se rechazaría la influencia del Espíritu Santo, el cual inspira toda la Escritura, inspiró a los hombres santos, quienes hablaron pronunciando palabras que ellos no conocían el pleno significado espiritual, y la cual sólo era entendida por la subsecuente revelación. No hay, pues, nada forzado o incongruente en ver en este episodio un retrato de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la esencia de la sabiduría de Dios personificada, el logos de los últimos libros y del Evangelio. Esta interpretación obtuvo aceptación universal en la Iglesia primitiva, y se ha recomendado a los comentaristas modernos más estudiosos y reverentes. Mucho de ello que estuvo contenido en sus propias afirmaciones fue desconocido por los profetas antiguos, quienes no percibieron la plenitud de los misterios que oscuramente anunciaron, aprendemos de San Pedro quien nos dijo de aquellos que profetizaron de la gracia de Cristo indagaron e inquirieron diligentemente lo que el Espíritu de Dios, que estaba en ellos, les dirigía y fue mostrado no ha ellos mismos sino a nosotros, ellos ministraron de aquellas cosas, secretos los cuales los mismos ángeles anhelan mirar (1 Pedro 1:10).” (Comentario del Púlpito. Vol. 9, pág. 164-165)

Edward Payson escribe, «Ningún lector atento del Nuevo Testamento necesita ser recordado de cuan notablemente este lenguaje corresponde con lo que es revelado respecto a la Palabra, quien fue en el principio con Dios; Quien está en el seno del Padre; de quien el Padre dijo, «Este es mi Hijo amado en quien estoy complacido;» quien se hizo carne y habitó entre nosotros en la persona de Cristo Jesús. Los Expositores, sin duda alguna están en lo correcto al decir, tal y como generalmente ellos habían hecho, ésta es la eterna Palabra, o la divina naturaleza de Cristo, de quien se habla en este capítulo, en el carácter de la Sabiduría. En el pasaje seleccionado para nuestro texto, este divino personaje nos ofrece un interesante relato de Sus sentimientos y previos oficios a Su aparición en la carne… Esto, mis oyentes, es un pasaje muy notable» (Works, Vol. 3. p. 72-73)

Charles Bridges escribe: «Tan gloriosos son los rayos de la eterna Deidad suprema, personalidad distintiva y unidad esencial, que el misterioso, todo-bendito Ser – «El Verbo, quien estuvo desde el principio con Dios, y fue Dios» (Juan 1:1-2) – ahora indubitablemente permanece ante nosotros» (Series Geneva, Proverbios, p.79)

Alexander Maclaren escribe: «Uno no puede sentir cómo en toda esta impactante revelación de las profundidades de Dios, un más profundo misterio está al borde de la revelación. Aquí hay, como lo habíamos dicho, una personificación, pero al parecer es una Persona brillando a través o vagamente percibida, moviéndose detrás de una cortina… La Sabiduría personificada de Proverbios es la Palabra personal del prólogo de Juan. Juan casi cita la forma cuando el dice: «Este era en el principio con Dios», porque su palabra recuerda la gran declaración: «El Señor me poseyó al principio de Su camino…Me formó en el principio del tiempo, antes de que creara la tierra.» (Exposiciones, Vol. 3, p. 139-140).

Traducido por Elizabeth Joyce

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