“Haced discípulos de todas las naciones.”

-Mateo 28:19

 

En la Gran Comisión, Cristo lo dice de una manera clara y sin remordimiento—Debemos hacer discípulos de “todas las naciones.” Algunos académicos han dudado de que se haya incluido la frase “todas las naciones” en la gran comisión original. Su argumento es que si Cristo había sido tan especifico con la universalidad de la misión entonces los discípulos no hubieran sido tan inseguros al dirigirse a los Gentiles. Sin embargo, esta interpretación es completamente innecesaria. Existe otra explicación mas factible—La inseguridad de los discípulos fue debido a sus extremos prejuicios. De hecho, el prejuicio contra los Gentiles fue tan arraigado en la primitivaiglesia judía que no fue hasta el Consejo de Jerusalén que realmente se puso fin al asunto.[1]

El mandato de hacer discípulos siempre esta en peligro de ser desobedecido. Incluso hoy, hay fuerzas que están obrando para girar el enfoque de la iglesia de su deber global. Primero, hay el problema de «ojos que no ven, corazón que no siente.” Rápidamente se olvida de una necesidad lejana. Segundo, hay una tendencia hacia el egocentrismo, la preocupación por nosotros mismos y nuestra propia preservación tanto entre creyentes individuales como congregaciones. Tercero, hay un fuerte sentimiento cultural que considera que el hacer proselitismo es algo arrogante e intolerante—un crimen contra la humanidad. Es la idea de que, aunque el cristianismo puede ofrecer una revelación superior de la verdad, otras religiones contienen suficiente verdad para que sus seguidores puedan llegar a Dios.

Enfrentando cada vez más oposición y contra todo enemigo, el misionero debe estar completamente convencido de la verdad absoluta de una de las declaraciones mas radicales de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”[2] Más aún, el misionero debe creer que es la voluntad de Dios que el evangelio sea predicado a toda la creación.[3Finalmente, el misionero debe aferrarse sin desmayar a la versas de que esto no pasara si no fuera por hombre y mujeres quienes dejan todo para seguir a Cristo en una tierra desconocida:

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?  ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”[4]

 

Notas:

1 Hechos 15:1-35

2 Juan 14:6

3 Marcos 16:15

4 Romanos 10:14-15

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