‘’Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.’’

-Mateo 28:18-20

 

La Gran Comisión es una tarea que ha sido otorgado a la iglesia por el Señor Jesucristo. La característica de una tarea implica que un medio práctico debe ser usado para poderlo completar. En la Gran Comisión de Mateo 28:18-20 se dan tres medios, los cuales se deben usar para llevar a cabo la evangelización global—el ir, el enseñar y el bautizar. Esta simpleza refleja la verdad que fue grabada en la historia de la iglesia primitiva de las Epístolas—el poder de avanzar la causa de Cristo se encuentra en la proclamación del evangelio de Cristo a todas las naciones, llamándolos al arrepentimiento ante Dios y fe en Cristo, que da como resultado una identificación pública con Cristo como Salvador y Señor. En este artículo tomaremos en consideración en hecho de ir.

 

Ir

Como ya hemos mencionado, el gran mandato en nuestro texto no es “ir” sino “haced discípulos.” Sin embargo, como algunos académicos han mencionado, tanto demasiado como muy poco se ha dicho sobre esta observación.[1] En un extremo, algunos pastores e iglesias, reconociendo que ‘’ir’’ no es un mandato, solo se preocupan con evangelizar en el lugar donde fueron plantados e ignoran el resto del mundo. En el otro extremo, otros pastores e iglesias, piensan que ‘’ir’’ es la prioridad, y caen en un pragmatismo frenético y la práctica de enviar a cualquier que este dispuesto sin importar su madurez como discípulo ni su capacidad de hacer discípulos. El punto de vista más balanceada es reconocer que el hacer discípulos es el mandato y también la meta, y aun así el ‘’ir’’ a las naciones es absolutamente necesario para poder llevar a cabo el mandato. Al mismo tiempo, hay que tener en mente que debemos ir de una manera bíblica, enviando solamente a hombres y mujeres calificados quienes conocen la Palabra de Dios, quienes imitan a Cristo, quienes son capaces de hacer discípulos y cumplen con las calificaciones necesarias para poder plantar y organizar iglesias bíblicas.

Una segunda verdad importante relacionada al ir y al enviar a misioneros es que la Gran Comisión es una labor encarnado.[2] Vivimos en una era de los medios, el internet y el ciberespacio. En años recientes muchos de los avances tecnológicos se han demostrado ser de beneficio para la propagación del evangelio, particularmente en lugares donde los misioneros normalmente no pueden entrar. Sin embargo, estas cosas jamás podrán reemplazar un misionero de carne y hueso. En otras palabras, ¡no podemos cumplir la Gran Comisión en línea! Las “misiones bíblicas’’ se trata de enviar personas a otras personas. Cuando Dios quiso alcanzar la humanidad, no escribió el evangelio en el cielo no envío arcángeles para llevarlo a cada rincón del mundo. Él de vistió de carne y vivió entre nosotros.[3Ahora, Él nos envía de manera similar – carne y hueso a carne y hueso.

Una última verdad importante con respecto a la Gran Comisión es que nos debemos sólo ir en la voluntad de Dios, sino que también debemos enviar en la voluntad de Dios. Obviamente, no todos los cristianos son llamados a ir al campo extranjero como misioneros de tiempo completo. La mayoría son llamados a quedarse, no solo para representar a Cristo ente su propio pueblo, sino también para poder enviar a aquellos quienes con llamados como misionero “a proseguir su viaje de una manera digna de Dios.”[4] La empresa misionera realmente es muy sencilla. De hecho, se puede dividir en dos categorías especificas—somos llamado a ir o somos llamados a enviar. En ambos casos se requiere la misma dedicación. William Carey dijo, “Yo entraré al pozo de la India, pero tu debes sostener la soga.”[5] Así que, entramos a la mina o sostenemos la soga para aquellos que entran. De igual manera, habrá cicatrices en nuestras manos.

 

Bautizando

En el orden que aparece en nuestro texto, ‘’bautizándolos’’ sigue después de ‘’ir.’’ Sin embargo, partiendo de la enseñanza de todo el Nuevo Testamento, sabemos que, entre estos dos, se tiene que predicar el evangelio. Esto se vuelve claro a la luz de dos pasajes adicionales acerca de la Gran Comisión en Marcos y Lucas:

“Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura’”[6]

‘’Y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;  y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.’’[7]

El misionero no solo va predicando el evangelio a toda criatura, sino que también exige una respuesta definitiva y decisiva—el arrepentimiento y la fe que se evidencia por medio de una confesión publica de Jesucristo a través del bautismo:

Primero, el discípulo debe abrazar el mensaje cristiano en su totalidad a la exclusión de todos aquellos otros dioses y opiniones religiosas contradictorias. Esto se comunica por medio de la frase: “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.” El Dios de la Biblia no es el dios el Koran. Cristo no es Krishna. No hay ningún parentesco entre el cristianismo y los demás ‘’ismos’’ religiosos de esta era. El misionero no les ofrece a las naciones su mismo dios con otro nombre. No esta construyendo puentes entre distintas perspectivas ni creando una nueva religión con algún mayor conocimiento. Él está proclamando a cada nación, cultura y criatura el único Nombre por medio del cual pueden ser salvos.[8] Por esta razón, el misionero cristiano debe cuidarse a él mismo, a su mensaje y a sus nuevos conversos de toda forma de sincretismo.[9] El no debe ceder ni un centímetro[10] ante la tentación de cambiar la singularidad del mensaje cristiano ni de mezclarlo con cualquier ideología religiosa actual de la cultura en la cual el esta sirviendo. Debe proclamar las distintivas de la fe cristiana de una manera clara, sin concesión y exigir lo mismo de todos aquellos quienes se identifican con ello por medio del bautismo.

La segunda verdad que surge del requisito del bautismo es que el discípulo debe abiertamente o públicamente identificarse con Cristo. Esta verdad se sostiene por medio de las enseñanzas de Cristo y de los Apóstoles. Jesús advirtió: Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”[11] El Apóstol Pablo escribió, “Si perseveramos, también reinaremos con Él;
si le negamos, Él también nos negará.”[12] Esta verdad se aplica a la iglesia global, incluso en lugares donde el simple acto de obedecerlo tiene un precio muy alto para el individuo y para la iglesia. En cierto sentido, el sufrimiento y las misiones van mano en mano.[13] Los apóstoles no enseñaron a sus discípulos a evitar el sufrimiento, sino que les dijeron de antemano que sufrirían, y entonces prepararlos para ese sufrimiento.[14] Por ende, la iglesia jamás debería evitar la persecución por tratar de preservarse a sí misma, sin embargo, la iglesia debe actuar con sabiduría. En lugares de persecución, no solo se requiere gran coraje, sino que también gran sabiduría. Por esta razón, Jesús amonestó a Sus discípulos: “Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.”[15]

La tercera verdad que podemos deducir del requisito del bautismo es que el discípulo debe identificarse abiertamente o públicamente con la iglesia. La Gran Comisión no se limita al solo formar discípulos individuales sino también involucra el llevar a cada creyente a tener una relación interdependiente con otros en el contexto de una comunidad local de creyentes quienes abiertamente se han identificado con Cristo por medio del bautismo. Aunque el cristianismo aprecia y busca sostener la singularidad de cada creyente, es una religión de comunidad. El misionero no solo está llamado a “hacer discípulos” sino que también debe “hacer comunidades” de discípulos quienes aman y sirven los unos a los otros según es estándar de las Escrituras. Jesús dijo, “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.”[16Relaciones tan perdurables solo son posibles dentro del contexto de una iglesia local.

 

Enseñando

La ubicación de la palabra enseñanza después del bautismo no significa que no debería haber ninguna instrucción antes de la conversión o del bautismo. Una clara comunicación del evangelio no solo requiere proclamación sino también explicación. Felipe le preguntó al etíope quien estuvo leyendo Isaías 53:7-8, “¿Entiendes lo que lees?  Y él respondió: ¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe? E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él.”[17La ubicación de la palabra enseñanza después del bautismo simplemente refuerza lo que ya hemos aprendido acerca de un discípulo genuino de Cristo—él es alguien quien, habiendo sido justificado por medio de la fe, devota su vida entera para aprender a andar como su Señor. Por ende, la obra de la Gran Comisión no se termina cuando una persona se convierte, sino que continúa a lo largo de su vida completa. Mientras el discípulo permanece sobre la tierra, debe ser enseñado todo lo que es Cristo y todo lo que Él ha mandado para Su pueblo. A través de este libro regresaremos una y otra vez a este mismo tema. La Gran Comisión es esencialmente una labor didáctica.[18] En otras palabras, tiene que ver con enseñar el evangelio y todo el consejo Dios a aquellos quienes aun no lo hayan oído. Las misiones no solo se tratan de enviar a misioneros, sino de enviar la verdad de Dios por medio de los misioneros—hombres y mujeres quienes están aprobados antes Dios como obreros que no necesitan estar avergonzados y quienes pueden manejar la palabra de la verdad con exactitud.[19]

Finalmente, hay tres verdades adicionales acerca del rol de la enseñanza en la Gran Comisión que deberían ser mencionadas en breve. Primero, la meta de la enseñanza no es simplemente ampliar el conocimiento, sino más bien la transformación de un estilo de vida. Jesús mandó a Sus discípulos que enseñen al mundo “a guardar todo lo que os he mandado.”[20] Las enseñanzas de Cristo no puede separarse de la sumisión a Su reinado. Por esta razón Él dice, “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí” (Mateo 11:29). Segundo, la enseñanza no es solo por medio de la instrucción, sino también por la imitación. Jesús les dijo a Sus discípulos, “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mateo 28:20). Es que hace discípulos esta bajo los mismos mandamientos que el discípulo que se esta formando. Por ende, él debe ser el ejemplo de los que significa el someterse a su Señor. Esta verdad es ilustrada en la vida y ministerio del apóstol Pablo quien escribió esto para la iglesia en Corinto, “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo.”[21] Tercero, los mandamientos de Cristo y todo el consejo de las Escrituras deberían ser la fuente de toda nuestra enseñanza. Esto es expresado de manera poderosa por John Albert Broadus (1827-1895) quien escribió:

“El Señor no vislumbra un tiempo ni una circunstancia en la cual ninguna parte de Su enseñanza se volverá anticuada ni incorrecto, inapropiado ni innecesario.” Además, podríamos añadir que el Señor no necesita la añadidura de ninguna revelación extra. [22]

 

Notas:

1 Craig Blomberg escribe, “El principal mandato de la comisión de Cristo es ‘hacer discípulos’ (matheoeteusate). Tanto demasiado como muy poco se ha dicho sobre esta observación. Demasiado se ha dicho cuando el ‘ir’ de los discípulos es exageradamente subordinada, tanto asíque el cargo de Jesús de proselitar simplemente es donde uno se encuentre…Muy poco se ha dicho cuando toda la atención se centra en el mandato de ‘ir’, como en incontables peticiones para candidatos para las misiones, haciendo que las misiones al extranjero sean elevadas a un mayor estatus del servicio cristiano que otras formas de actividad espiritual. (Matthew -NAC 22; ed. E. Ray Clendenen; Accordance electronic ed. Nashville: Broadman & Holman Publishers, 1992, p.431).

2 La palabra ‘encarnación’ de deriva del verbo incarnare en latín [in = en + carn = carne]. Las misiones bíblicas requieren que enviemos misioneros reales de “carne y hueso” a personas reales de “carne y hueso”.

3 Juan 1:14

4 III Juan 6

5 William Carey, S. Pearce Carey, p. 108

6 Marcos 16:15 – énfasis mío

7 Lucas 24:46-47 – énfasis mío

8Hechos 4:12

9 Sincretismo – “Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes.” (Diccionario de la Real Academia Española)

10 Respecto a su conflicto con los Judaizantes quienes buscaban amoldar el cristianismo al judaísmo, el apóstol Pablo escribió, “los cuales ni por un momento cedimos, para no someternos, a fin de que la verdad del evangelio permanezca con vosotros.” (Gálatas 2:5)

11 Mateo 10:32-33; ver también Lucas 12:8-9

12 II Timoteo 2:12

13 Mateo 10:16-33

14 I Tesalonicenses 3:3-4; Filipenses 1:29

15 Mateo 10:16

16 Juan 13:35 – énfasis mío

17 Hechos 8:30-31

18 La palabra “didáctico” viene del verbo didaskien en griego lo cual significa enseñar. Un labor es didáctico porque tiene que ver con la enseñanza y la instrucción.

19 II Timoteo 2:15

20 Mateo 28:20 – La meta de la enseñanza no es simplemente gnosis sino praxis, no simplemente ortodoxísmo sino ortopraxis.

21 I Corintios 11:1

22 Comentario de Mateo, p.1001

 

 

 

 

 

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