Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

-Mateo 28:19-20

 

La naturaleza didáctica[1] de la Gran Comisión y la extrema importancia de un entendimiento correcto del contenido del evangelio naturalmente nos lleva a el tema de este capítulo—Las misiones como un labor teológico o doctrinal. Como ya hemos expuesto, la Gran Comisión no se trata de enviar misioneros sino de enviar la verdad de Dios por medio de misioneros. ¡Jesús manda a la iglesia a hacer discípulos por medio de ir, bautizar y enseñar! Por lo tanto, todo el esfuerzo de enviar y toda actividad misionera en el mundo vale muy poco si el resultado final no es la propagación de las verdades bíblicas que resulta por la transformación de vidas conforme a la voluntad revelada de Dios.  

En eras pasadas de la iglesia, la teología fue considerada como la “reina” de todas las ciencias, la ocupación más alta y digna de la mente humana. Sin embargo, en años recientes la teología y cualquier cosa que tenga que ver con doctrina ha estado pasando por momentos difíciles. Muchas veces, la doctrina no es simplemente ignorada sino muchas veces menospreciada; no solo por aquellos quienes niegan la integridad de las Escrituras, ¡sino también por aquellos quienes dicen ser cristianos bíblicos! Además, la doctrina ya no es vista como los cimientos de la unidad, sino como el gran divisor de la iglesia y el veneno que causa que verdaderos cristianos estén en desacuerdo. Finalmente, la doctrina bíblica es mal vista incluso por algunos misioneros quienes lo ven como peligroso si no se filtra primero por medio de la sensibilidad cultural.

¿Como llegamos a este punto? La respuesta es rudimental y antiguo. La serpiente de antaño quien les preguntó a nuestros primeros padres, “¿Así lo ha dicho Dios?”, lo está haciendo otra vez.[2] Él ha ido formado a nuestra cultura para que sea una que no solo rebela contra la verdad, sino que también niega que la verdad pueda conocerse.  Sin embargo, su decepción no se ha frenado en los límites de la cultura secular. La plaga ha entrado al mundo del cristianismo y también ha contaminado nuestros campos. Por demasiado tiempo la iglesia ha pastado en las malas hierbas mortales del relativismo que niega la posibilidad de una verdad absoluta y el humanismo que hace que las opiniones del hombre y la cultura sean el estándar para todas las cosas. Agrega a la mezcla una opinión absolutamente absurda de la tolerancia, y te resulta una situación en la cual la creencia en la verdad y la proclamación de ella es depreciada como una idiotez en el mejor de los casos y como inmoral en el peor de los casos.

Todo lo que hemos mencionado arriba ha causado erosión en la mente y el corazón del cristianismo and sus esfuerzos misioneros.  Hemos sido influenciados de manera incorrecta por el pensamiento errático de nuestros tiempos y ha erosionado hasta los cimientos bajo nuestros pies. Al negar la importancia de la doctrina, nuestra actividad misionera se ha vuelto una contradicción, incluso hasta absurdo. En el resto de este capítulo, mencionaremos algunos de los ejemplos más claros.

Primero, se ha vuelto una opinión muy popular que los cristianos deberían dejar su doctrina a un lado y unirse por su fe común en Cristo. Sin embargo, la dura realidad es que hay muchas versiones de Cristo que se hoy en día se están proclamando en la tierra por aquellos quienes dicen ser Sus seguidores. ¿Cómo podemos distinguir el verdadero Cristo de entre una multitud de cristos falsos a menos que sea por medio del estudio cuidadoso de las Escrituras y una fiel aplicación de sus doctrinas? ¿Hemos de predicar a Cristo a las naciones de una manera tan general o vaga que llenamos al mundo y a la iglesia con innumerables opiniones contradictorias en cuanto a Su persona y obra? Lógicamente la unidad no se puede fundar sobre nuestra confesión común de un Cristo indefinido y nuestras opiniones contradictorias respecto a los fundamentos más básicos de la fe cristiana.

Segundo, a menudo se ha dicho que los cristianos deberán dejar su teología a un lado y unirse por su causa común de la Gran Comisión. Sin embargo, la Gran Comisión es, sobre todo, una labor teológica.  El dejar a un lado la teología para poder avanzar una labor teológica es, lógicamente, un suicidio y es destructivo para ambos. Es absurdo pensar que la Gran Comisión puede ser el hilo que une a todos los individuos quienes difieren en los principios fundamentales de la doctrina. La unidad se debe basar sobre una perspectiva común de quien es Cristo, lo que Él ha hecho y lo que Él ha enseñado.

Tercero, se ha vuelto un dicho conocido que los cristianos solo deberían preocuparse por las doctrinas principales de la fe y no “sudar las cosas pequeñas”. Una cita famosa de Agustino refleja esta sabiduría: “En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad o amor.”[3] La declaración es bien fundada y bien redactada, sin embargo, también hay algunos peligros subyacentes en tal opinión. Uno de los más serios tiene que ver con la tendencia actual en el cristianismo que cada ves más desprecia la importancia de los absolutos. Como esta tendencia continúa, los cristianos cada vez relegan más y más doctrinas a “la categoría de las “cosas pequeñas”. Doctrinas que previamente fueron sostenidas como esenciales absolutas ahora ni se consideran ser importantes para el debate. Otro peligro tiene que ver con las realidades prácticas del ministerio. Siendo indiferente a todo menos las esenciales absolutas funccion bien cuando estás meditando en una torre de marfil o cuando estás filosofando con tus amigos en el centro estudiantil del seminario. Sin embargo, cuando comienzas a plantar una iglesia o cuando comienzas a discipular a personas reales con preguntas reales, esas pequeñas cosas de la doctrina se vuelven extremadamente importantes y requieren una definición.

Cuarto, y para finalizar, se ha vuelto una práctica común que las organizaciones misioneras rebajan sus declaraciones doctrinales a el mínimo común denominador para poder incluir a el mayor número de candidatos y contribuyentes que fueran posibles. En la mayoría de los casos, esto se hace con motivos correctos (para avanzar la Gran Comisión de una manera más rápida), sin embargo, eso una flagrante entrega al pragmatismo y al fin y al cabo es contraproducente. Esta verdad es explicada por Walter Chantry en su libro “El Evangelio de Hoy: Autentico o Sintético”:

 

“Aquellos quienes creen en la Palabra de Dios han estado intentando sostenerse de las mismas soluciones superficiales que han sido adoptadas por el liberalismo. La relevancia, la respetabilidad (ya sea intelectual o social) y en especial la unidad se han vuelto las metas del pueblo de Dios con la esperanza de que esta podrá revitalizar una iglesia debilitada. La iglesia piensa, ‘Si solo se unieran todas las personas que creen en la Biblia, el mundo se despertará y escuchará.’ Combinemos nuestras juntas misioneras para unir nuestros pondos y nuestro personal. Juntémonos con grandes proyectos evangelísticos. Si cada evangélico se una a una organización común, podemos tener mayor alcance de evangelismo. Por lo tanto, la unidad organizacional se vuelve la meta de las iglesias evangélicas. Habiendo aceptado la teoría que la unidad es importantísimo para el evangelismo mundial, tanto la iglesia como el individuo debe rebajar su valor de la verdad. En un congreso grande acerca del evangelismo, no podríamos insistir en una verdad de la Palabra de Dio que podría ofender a algún hermano evangélico. Por lo tanto, debemos encontrar el mínimo común denominador a los cual sostienen todos los cristianos nacidos de nuevo. El resto de la Biblia se denominará como ‘no esencial’ para las misiones. Después de todo, la unidad (entre los cristianos) es más esencial que la precisión doctrinal. Es justamente por esta razón que las sociedades misioneras no han estado dispuestas a examinar con cuidado la raíz del problema en la predicación. Las juntas misioneras son reticentes para contestar la pregunta, ‘¿Qué es el evangelio?’ Para responder esa pregunta a fondo condenaría mucho de lo que sus propios misioneros predican. Destruiría la sociedad misionera, lo cual es una federación de iglesias que tienen diferentes respuestas para esta misma pregunta. Adoptar la postura de una iglesia causaría la perdida de la contribución de otras cinco iglesias. Todo el sistema construido sombre la unidad y la generalidad se vendría abajo. La misma iglesia local tampoco llega a ser muy especifico en cuanto a la verdad. Puede afectasu armonía dentro de la denominación o asociación. Definir al evangelio con cuidado traerá conflicto con las organizaciones que trabajan con los jóvenes. Traerá problemas irritantes con las juntas misioneras y desacuerdos vergonzosos con misioneros que han recibido apoyo por muchos años. Podría condenar todo el programa de la escuela dominical. Dando demasiando atención al contenido del evangelio significará fricción con otros evangélicos. Y la unidad es la clave para el éxito.”

Wlater J. Cantry, El Evangelio de Hoy—¿Autentico o Sintético? (Carlise, PA: Banner of Truth Trust, 2013), P.2-4

Para terminar este capítulo, que ya se ha alargado, debemos reiterar que el propósito de las misiones cristianas es la propagación de la verdad bíblica. Cualquier intento de cumplir la Gran Comisión por medio de la depreciación de la doctrina es una contradicción teológica y filosófica, la peor clase de irracionalidad. Debemos rechazar la mentira de que la doctrina, salvo en los asuntos más fundamentales de la fe cristiana, no son esenciales.

La doctrina no es el antagonista de la fe cristiana, sino más bien es su cimiento. Aunque hay aquellos quienes hace un gran daño al hilar fino sin amor sobre asuntos que realmente son menores, pero aún más daño ha sido hecho por aquellos quienes deprecian la importancia de la doctrina y no siguen la amonestación del Apóstol Pablo al joven Timoteo:

Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.”[4]

 

Notas:

1 La palabra “didáctico” viene del verbo didaskein en el griego, lo cual significa enseñar. Una labor es didáctica porque tiene que ver con la enseñanza y la instrucción.

2 Genesis 3:1

3 Aunque es común atribuir esta cita a Agustino, hay mucho debate en cuanto a quien es el verdadero autor este esta frase célebre. Es interesante que esta frase es citada por “una variedad alarmante de tradiciones cristianas incompatibles”. (Artículo en internet, publicado por Steve Perisho, http://www9.georgetown.edu/faculty/jod/augustine/quote.html

4 1 Timothy 4:16

Publicar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

66 − = 65