Todos somos teólogos. Podemos ser bíblicos o no bíblicos, diligentes o flojos, pero todos somos teólogos. Si se puede decir esto del hombre secular e incluso de un ateo, entonces aplica con certeza al misionero cristiano. La Gran Comisión se trata de llevar la verdad de Dios a los hombres en una manera que es unificada, no contradictoria, y exhaustiva. Por lo tanto, sea que el misionero quiera o no, él es un teólogo involucrado en un esfuerzo decididamente teológico. Pensar de otra forma es absurdo.

A pesar de esta verdad, es sorprendente cuán pocos misioneros se preocupan por el estudio de la doctrina, y cuán pocos teólogos se preocupan por la labor de misiones. Es un fenómeno que es observable incluso en los institutos bíblicos y seminarios. Los estudiantes que estudian la doctrina con frecuencia quieren estar en los confines de la academia mientras que aquellos que son menos inclinados al estudio y los más inclinados hacia las necesidades de humanidad van al campo. Esta es una gran contradicción. El más grande beneficio que podemos entregar a la humanidad en todo lugar y bajo toda circunstancia es darles la Palabra de vida, comunicarles la verdad bíblica. El mundo está destruido por falta de conocimiento [1] y la falta del poder transformador del Espíritu quién obra por medio de la proclamación de ese conocimiento. Así, una de las más grandes necesidades en el campo misionero es misioneros que conozcan a su Dios, que conozcan las Escrituras, y que consideren la proclamación de la verdad su llamado más alto.

Aunque la Gran Comisión es un esfuerzo teológico, se ha vuelto una práctica común mandar misioneros al campo con solo el mínimo conocimiento teológico. Incluso aquellos misioneros que son entrenados en institutos bíblicos o seminarios con frecuencia pasan por alto sus estudios fundamentales de las Escrituras [2] para poder sumergirse en estrategias pragmáticas y a menudo «avant-garde» con respecto a misiones, cultura, plantado de iglesias, y crecimiento de iglesias. Por lo tanto, van al campo con suficientes estrategias para hundir un buque, pero su conocimiento teológico puede ser llevado en el bolsillo de la camisa.

 

Si el fundamento es débil; el edificio completo será débil. Si la raíz del árbol es mala, entonces los frutos que produce serán igualmente malos, incluso nocivos.

El propósito de la Gran Comisión es hacer discípulos de Cristo y plantar iglesias en grupos de personas que no ha sido alcanzadas previamente con el evangelio. Consecuentemente, lo que el misionero cree y enseña con frecuencia será el fundamento de la iglesia para todo un grupo de personas. Si el fundamento es débil; el edificio completo será débil. Si la raíz del árbol es mala, entonces los frutos que produce serán igualmente malos, incluso nocivos. Por esta razón, debemos enviar a nuestros mejores exégetas, teólogos, y  expositores al campo misionero. Al menos, cada misionero debería tener un adecuado conocimiento de hermenéutica, los idiomas bíblicos, teología sistemática, e historia de la iglesia. Soltar a una persona en el campo misionero que es gobernada por las más recientes metodologías en el crecimiento de la iglesia, pero que no está afirmada en el consejo de las Escrituras es una cosa peligrosa. Y sin embargo, esto se ha convertido en una practica común. Debemos recordar siempre que el enemigo del teólogo es el liberalismo y el estar la vanguardia, pero el enemigo del misionero es el celo sin conocimiento y pragmatismo.

Un joven escribió una vez a un anciano misionero preguntado si él podría trabajar junto con él en el campo misionero. El misionero preguntó acerca de los estudios de las Escrituras del joven, su conocimiento  de doctrina, su vida de oración, piedad, y su visión en misiones. La respuesta del joven a cada pregunta demostró que no estaba preparado, indisciplinado, o quizás nunca le dió la menor importancia al tema. Finalmente, exclamó, “no sé todas estas cosas, ¡solo quiero ir al campo misionero y entregar mi vida!” A esto el misionero contestó, “Joven, nadie acá necesita tu vida. Ellos necesitan a Dios, y alguien que pueda hablarles de Él de manera precisa.” Después de estás duras palabras, el misionero pacientemente puso ante el joven una visión más bíblica de las misiones. Él lo invitó a visitar y a trabajar junto a él por un tiempo. Después, el joven confesó a un amigo lo que aprendió, esa su primera conversación le ayudo a entender la seriedad de la naturaleza de las misiones y la gran importancia de ser “un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.” [3]

Necesitamos toda clase de dones en la iglesia y en el campo misionero. Sin embargo los dones deben funcionar en el ámbito de la verdad bíblica y deben resultar en la comunicación de esas verdades a otros. Si no, toda nuestra actividad es una contradicción a la Gran Comisión y será de detrimento a su avance entre cualquier grupo de personas. Nunca debemos ser de “obstáculo” a un cristianos que a sido genuinamente llamado por Dios a servir en el campo. Sin embargo, sería sabio “obstaculizarlos” por un tiempo hasta que se hayan preparado adecuadamente en el conocimiento de las Escrituras, la gran doctrina de la fe, y las grandes disciplinas de la vida cristiana.

1 Oseas 4:6

2 Estudios fundamentales incluiría: hermenéutica, idiomas bíblicos, teología sistemática, e historia de la iglesia.

3 II Timoteo 2:15

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