“Aunque Él fue rico en las perfecciones de Su divina naturaleza, teniendo la plenitud de la Deidad en Él, todo lo que el Padre tiene, y tan igual a Él [en todas las cosas] tal como en la eternidad, inmutabilidad, infinitud e inmensidad, omnipresencia, omnisciencia, omnipotencia, etc. (Él fue rico) en las obras de Sus manos, que alcanzan todas las cosas que están hechas, los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, las cosas visibles e invisibles. (Él fue rico) en Su imperio y dominio universal sobre todas las criaturas; y en esas ganancias de gloria, las cuales son debidas a Él por todas ellas; Sus riquezas las cuales no son derivadas de otro, incomunicables hacia otro, y no pueden ser perdidas.

“Por vuestra causa Él se hizo pobre al asumir la naturaleza humana, con todas sus debilidades e imperfecciones exceptuando el pecado. El apareció y no como un señor, sino en la forma de siervo. El soportó en esta condición una gran cantidad de reproche y vergüenza, y al final la muerte misma; no es que al volverse hombre cesó de ser Dios o perdió Sus perfecciones divinas. Aunque esto fue escondido y oculto de la vista del hombre; y en Su naturaleza humana, Él vino a ser el reverso de lo que es en Su naturaleza divina, principalmente, finita y circunscripta, débil, enferma, ignorante de algunas cosas, y mortal. En cuya naturaleza también, Él estuvo expuesto a mucha maldad y pobreza externa: Él nació de padres pobres, no tuvo una educación amplia, le fue enseñado un oficio, no tenía donde recostar su cabeza, fue ministrado por otros de su sustento y no tuvo nada que legar a su madre en su muerte, sino que la encomendó al cuidado de uno de Sus discípulos; todo lo cual cumplió las profecías acerca de Él, de que sería pobre y “humilde” (Sal. 41:1; Zacarías 9:9).

Para que por Su pobreza sean enriquecidos. No ricos de lo temporal, pero si en lo espiritual. Por su obediencia, sufrimientos y muerte en Su humildad, Él ha pagado toda la deuda de ellos; Él ha hecho un vestido de rectitud, valioso y adornado con joyas, con el cual Él les vistió; y por medio de Su sangre y sacrificio, les hizo reyes y sacerdotes ante Dios. Ellos fueron enriquecidos por Él con la gracia de Su Espíritu; con las verdades del Evangelio, comparables al oro, la plata y las piedras preciosas; con Sigo mismo y todo lo que Él tiene; con las riquezas de gracia aquí, y de la gloria venidera. Estas son cosas comunicables de Él, aunque inescrutables, son sólidas y substanciales, satisfactorias, duraderas y eternas. Ahora si ésta gracia de Cristo no nos mueve hacia la liberalidad con gozo [Romanos 12:8], nada lo hará.”

(Traducido de EONT, Vol. 8, p.809)

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