Octavius Winslow escribe, “En la persona del Hijo de Dios, los dos extremos del ser – el infinito y finito – se conocieron en extraña y misteriosa, pero cercana y eterna unión. El divino vino al humano; la Deidad se humilló a sí mismo para la humanidad. ¡Ciertamente fue humillación! No fue la criatura descendiendo en la escala de la creación, sino el Creador inclinándose hacia la criatura. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16)… ¡Esta es una asombrosa verdad! Él fue tan inmensamente grande, que pudo así inclinarse sin comprometer Su dignidad o disminuir Su gloria” (Evening Thoughts, p.554)

 Thomas Watson escribe, “Ve aquí la maravillosa humildad de Cristo. Cristo fue hecho carne. O sancta humiltas, tu filium Dei descenderé fecisti in uterum, Mariae Virginis [Oh, santa humildad, hiciste al Hijo de Dios descender al vientre de la Virgen María] – San Agustín. Que Cristo tenga que vestirse con nuestra carne, un pedazo de la tierra sobre la que pisamos; ¡Oh, infinita humildad! Cristo tomando nuestra carne fue uno de los niveles más bajos de Su humillación. Se humilló más a él mismo al descansar en el vientre de la virgen que colgado en la cruz. No fue mucho para el hombre que muriera, pero para que Dios se hiciera hombre fue la maravilla de la humildad. “Hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7). Para Cristo ser hecho carne fue más humildad que los ángeles sean hechos gusanos. La carne de Cristo es llamada un velo en Hebreos 10:20. Nuestra carne vestida en Cristo cubrió Su gloria. Para Él ser hecho carne, quien era igual a Dios, ¡Oh, qué humildad! “El cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:6). Estuvo en equidad con Dios; Él era co-esencial y co-substancial con el Padre, como Agustín y Cirilo, y el Concilio de Nicea lo expresa; y aún así todo Él escoge carne. Se despojó de las túnicas de Su gloria, y se revistió con los trapos de nuestra humanidad. Si Salomón se maravilló que Dios habitase en el templo enriquecido y cubierto de oro, ¡cómo nos asombraremos que Dios habite en la frágil y débil naturaleza del hombre!” (A Body of Divinity, p.196-197)

Charles Spurgeon escribe, “¿Se humillo a sí mismo? ¿No estuvo siempre en la tierra quitándose primero una túnica de honor y luego otra, hasta que, desnudo, fue puesto en la cruz, y no fue allí que se despojó de Su más íntimo ser, vertiendo Su vida, dejando todo por nosotros, hasta que miserable, lo colocaron en una tumba prestada?” (Morning and Evening, p.311)  

Nuevamente Spurgeon escribe, “Tú y yo no podemos tener idea de cuán alto honor es ser igual a Dios. ¿Cómo podemos, entonces, medir el descenso de Cristo, cuando nuestros más elevados pensamientos no pueden comprender la altura de la cual Él vino? La profundidad a la que Él descendió se encuentra inmensurablemente más abajo que cualquier punto al que hayamos llegado; y la altura de la que Él descendió esta inconcebiblemente más arriba de nuestro más alto pensamiento. Aún así, no olvides la gloria que Jesús dejó de lado por un tiempo. Recuerda que Él es verdadero Dios [de Dios verdadero], y que habita en el más alto cielo con Su Padre; pero aún así, aunque de esta manera era infinitamente rico, por nuestro bien Se hizo pobre, para que, a través de su pobreza, podamos ser ricos” (The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Vol.38, p.529-530).

Albert Barnes escribe, “Si Él era verdaderamente divino, entonces Su consentimiento para ser hecho un hombre fue el más notable de todos los posibles actos de humillación” (BN, Philippians, p.169).

Traducido por Jorge Saavedra

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