Jesús era rico en posesiones. Como Dios soberano, habiendo creado todas las cosas, todas las cosas eran Suyas. Pudo haber dicho: “El ganado sobre mil colinas es mío; mías las minas de oro y los tesoros secretos de plata; míos, los lugares donde los diamantes centellean, y donde la perla emite su delicado rayo; todas las cosas son mías; un millar de estrellas relucen como mis lumbreras, y toda la amplitud del espacio, tan lleno de maravillas de la creación – ¡Todo esto es mío!”

Él era rico en servicio. Un millar de ángeles aguardaban a Sus puertas. Él solo tenía que desearlo y los fuertes mensajeros alados volarían cumpliendo sus encargos. Ellos le adoraban sin cesar. Día sin noche rodeaban su trono, gozándose. Aún estando en la tierra, Él dijo que podría orar a su Padre, y Él le enviaría doce legiones de ángeles. ¿Cuanto más era el caso estando sentado en el trono del cielo, siendo todos los ángeles las cortes que aguardaban ante su trono?

 Él era rico en honor. Ni las pretenciosas cortes de Salomón se podrían comparar con las cortes del Hijo de Dios. Toda la gloria centrada en él. Él era ‘Dios sobre todo, bendito para siempre’, co-igual y co-eterno con el Padre. A Él sea la eterna canción ; A él sea el incesante incienso; A Él las doradas arpas, a Él el incremento de las altísimas sinfonías celestiales, pues Él era adorado por todos, y exaltado por encima de principados, potestades y nombres que se nombran.

Y él era rico en amor, virtud que es la mejor de todas sus riquezas. Su Padre le amaba. ‘Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia’.   Eternamente fue eso verdad, y, a parte de eso, había espíritus puros, producto de su Creación, quienes le amaban con toda la fuerza de su ser. Él no quería nuestro amor para hacerlo rico, Había suficiente amor de Dios para él, y si así lo hubiera deseado, él pudo haber creado miles de razas de criaturas más nobles que nosotros, quienes le hubieran amado con el más profundo amor. Él también era rico en alegría. No podemos concebir que el Salvador haya conocido cualquier tristeza o dolor, o deseo en el cielo. Él tenía todo lo que incluso él podía desear, si algún lenguaje se puede usar hacia el Dios infinito: Él era esencialmente e inefablemente la felicidad misma. Tal como creemos con respecto al altísimo Dios, que su pecho está sereno, sin preocupación alguna, y su alma sin ser afectada por las punzadas, de igual forma era con el Glorioso, quién posteriormente condescendió a ser coronado con espinas y atravesado con la lanza por causa nuestra. “Siendo rico” ¡Oh! Tal palabra, como ya lo he mencionado, es una pobre y miserable palabra, la mejor que Pablo pudo encontrar, pero hay tal grandeza acerca de Cristo, que si decimos que fue rico, lo fue en todos los sentidos, en todo concepto y más allá del límite de alcance posible, rico más allá de lo que usted y yo somos capaces de concebir, aun cuando hayamos entrado al cielo – tan rico, tan infinito, tan glorioso, tan divino – ¡Esto es lo que Él era! “Él era rico”. (The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Vol. 59, p.543 – 544)

De nuevo Spurgeon escribe: Jesús era rico en posesiones. Levanta tu vista, creyente, y contempla por un momento las riquezas de mi Señor Jesús, antes de que condescendiera para hacerse pobre por nosotros. Miradlo, sentado en su trono y declarando su autosuficiencia. Si tuviera hambre, no te lo haría saber, porque el ganado sobre las mil colinas son míos. Míos son los tesoros de oro escondidos, mías son las perlas que el buzo no puede alcanzar, mía es cada cosa valiosa que la tierra ha visto, es posible que el Señor Jesús haya dicho: puedo extender mi cetro desde el este y aun hasta el oeste, todo es mío, el mundo entero y aquellos mundos que relucen en el lejano espacio, son míos. La expansión ilimitable del inmensurable espacio, tan lleno de mundos que he creado, todo esto mío es. Vuele en ascenso y usted no podrá alcanzar la cúspide de la colina de mis dominios; nade en descenso y no podrá llegar a las profundidades en lo más recóndito de mis dominios. Desde el altísimo trono de gloria hasta el más profundo abismo en el infierno, todo, todo es mío sin excepción. Yo puedo estampar la marca de mi Reino sobre todo lo que he creado. Pero Él además tenía aquello que hace al hombre aún más rico. Hemos escuchado de reyes en los tiempos antiguos, reyes fabulosamente ricos y cuándo sus riquezas eran contabilizadas, leemos en los antiguos romances, ‘Y este hombre estaba poseído por la piedra filosofal, por medio de la cual él convertía todas las cosas en oro.’ Seguramente todos los tesoros que él tenia antes no eran nada comparados al final con esta piedra preciosa. Ahora, cualquier cosa puede ser la riqueza de Cristo en lo creado, Él tiene el poder de creación, y en ello yace su inagotable riqueza. Si él lo hubiera deseado él hubiera podido traer mundos a la existencia; no tenía que hacer nada más que levantar el dedo y un nuevo universo, tan ilimitado como el presente hubiera emergido a la existencia. A la orden de su mente, millones de ángeles estarían ante él, legiones de brillantes espíritus se hubieran proyectado a la existencia, Él dijo y fue hecho, Él mandó y existió. Él que dijo: “Sea la luz”, y fue la luz, tenía el poder para decirle a todas las cosas: “sean”, y serán hechas. Aquí, entonces yacen sus riquezas; este poder creador, era una de las joyas más brillantes de su corona.

“Nosotros también llamamos ricos a los hombres, quienes tienen honor y a pesar de que nunca tienen tanta riqueza; sin embargo, si ellos están ante una desgracia o pena, no deberían considerare entre los ricos. Pero nuestro Señor Jesucristo tenía honor, tal honor cual nadie más que un ser divino podría recibir. Estando sentado en su trono, antes de que Él renunciara a su glorioso cargo de soberanía para volverse un hombre, toda la tierra fue llena de su gloria. Él podía mirar para ambas partes, debajo y al rededor de él, y la inscripción ‘A Dios sea la gloria’ estaba escrita en cada espacio, día y noche el humo del incienso de las alabanzas ascendían ante Él desde instrumentos de oro sostenidos por espíritus quienes se inclinaban en reverencia; las arpas de un sinfín de querubines y serafines deleitaban continuamente con sus alabanzas, y la voz de aquella potente multitud era siempre elocuente en adoración. Puede ser que en días así, los príncipes de reinos lejanos, los reyes, los poderosos de Sus reinos infinitos vinieron a la corte de Cristo, y trajeron cada uno su aportación anual.

Oh, quién pudiera decir que en la vasta eternidad, en cierta época grandiosa, la gran campana sonó y la poderosa multitud que fue creada, se reunió en solemne ceremonia ante su trono. ¿Quien puede decir que las fiestas importantes que se mantenían en las cortes celestes cuando estos espíritus resplandecientes se inclinaban ante su trono en gozo y alegría, y, todos reunidos alzaban sus voces en aclamaciones y aleluyas tales que el oído mortal no ha escuchado jamás. Oh, pueden ustedes saber las profundidades de los ríos de alabanza que fluyen con fuerza junto a la ciudad de Dios? Pueden imaginarse la dulzura de esa armonía que perpetuamente es depositada en el oído de Jesús, el Mesías. Rey, Eterno, a la par con Dios, su Padre? No; con la idea de la gloria de su reino, y las riquezas y majestad de su poder, nuestras almas se gastan dentro de nosotros, nuestras palabras fallan, no podemos proferir el diezmo de sus glorias”.

“Tampoco era pobre en cualquier otro sentido. El que tiene riquezas terrenales, y honor, es pobre si no tiene amor. Preferiría ser el indigente, quien depende de la caridad, y tener amor, que ser príncipe pero menospreciado y odiado, cuya muerte es considerada una bendición. Sin amor, el hombre es pobre – denle todos los diamantes y perlas, y el oro que puede concebir el mortal. Pero Jesús no era pobre en amor. Cuando Él vino a la tierra no vino para obtener nuestro amor a causa de su alma solitaria. Oh, no, Su padre tenía completo deleite en Él desde la eternidad. El corazón de Jehová, la primer persona de la sagrada trinidad, estaba divina e inmutablemente ligada a Él; Él era el amado del Padre y del Espíritu Santo; las tres personas tomaron una complacencia y deleite sagrados uno en el otro. Y además de eso, cuan amado era por aquellos resplandecientes espíritus que no han caído. No puedo decir qué criaturas hay quienes aun se mantienen firmes en obediencia a Dios. No es posible para nosotros saber si hay o no tantas razas de seres creados como sabemos que hay hombres que fueron creados en la tierra. No podemos mas que decir que en las regiones infinitas del espacio hay mundos habitados por seres infinitamente superiores a nosotros: pero lo cierto es que estaban los santos ángeles, y que amaban a nuestro Salvador; permanecían día y noche con las alas extendidas, esperando sus órdenes, prestando atención a la voz de Su palabra, y cuando Él les invitó a volar, había amor en sus rostros, y gozo en sus corazones. Amaban servirle, y no es del todo ficción que cuando hubo guerra en el cielo y Dios arrojó al diablo y a sus legiones, luego los ángeles electos mostraron su amor hacia Él, siendo valientes en batalla y fuertes en poder. Él no necesitaba de nuestro amor para ser feliz, Él era suficientemente rico en amor sin nosotros.

“Ahora, aunque un espíritu del mundo celestial viniere a contarte sobre las riquezas de Jesús, no podría hacerlo. Gabriel, en tus vuelos, has ascendido más alto de lo que mi imaginación se atreve a seguirte; sin embargo, nunca has obtenido la cima del trono de Dios”.

‘ Sus faldas parecen oscuridad con luz insufrible.’

“Jesús, ¿quién es aquel que pudo mirar al rostro de Su Majestad? ¿quién es aquel que pudo comprender la fuerza del brazo de Su poder? Tú eres Dios, Tú eres infinito, y nosotros pobres, cosas finitas que se pierden en Ti. El insecto de una hora no se puede comprenderse a sí mismo. Nos inclinamos ante Ti, adoramos a Ti; Tú eres Dios sobre todo, bendito para siempre. Pero en cuanto a la comprensión de Tus infinitas riquezas, en cuanto a ser capaz de contar Tus tesoros, o calcular Tu riqueza, eso fue imposible, Todo lo que sabemos es, que las riquezas de Dios, que los tesoros de la infinidad, que las riquezas de la eternidad, fueron todas Tuyas: Tú eras rico más allá de todo pensamiento.” ( El Púlpito New Park Street, Vol3, p. 349 – 351)

Traducido por Noemí Garza

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