Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho; por Su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”  Isaías 53:11

“Podrá alguno de nosotros ver lo que los ángeles vieron, cuando el Hijo de Dios salió del seno de Su Padre, e intercambió Su trono en el cielo por un pesebre en la tierra;  podríamos haberlo visto despojarse de Su Gloria, dejando a un lado la forma de Dios, asumiendo la forma de siervo, y aparecer en la tierra, en la semejanza de carne pecaminosa, con el propósito declarado de vivir en la pobreza, y morir mediante una vergonzosa, angustiosa y maldita muerte– nosotros naturalmente hubiéramos llegado a exclamar: ‘¿Qué objetivo especifico puede tener en vista? ¿Qué motivo puede ser suficientemente poderoso para inducir a tal ser a realizar sacrificios tan grandes, encontrar los sufrimientos tan exquisitos?” El apóstol ha respondido parcialmente a esta pregunta.  Se nos ha dicho que Jesucristo sufrió la cruz y menospreció la vergüenza por el bien de la alegría que le esperaba. ¿En qué consistió esta alegría?, podemos aprender del capítulo en frente nuestro, y especialmente de nuestro texto.  Aquí es predicho, que Él verá el trabajo de Su alma, es decir, de los frutos o efectos de Sus sufrimientos, y quedará satisfecho.  En el contexto, se nos menciona cuáles serán estos frutos. Él justificará a muchos, Él verá Su linaje y la voluntad del Señor prosperará en Su mano. El gozo puesto delante de Él, por la cual Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, fue entonces el gozo que resultaría de ver a Su Padre glorificado y a pecadores salvados, como consecuencia de Su encarnación, sufrimiento y muerte.  Esto se declara en nuestro texto que Él verá, y lo que vea lo dejará satisfecho.  Mientras que lo completa, Él sentirá que es recompensado con creces por todos sus sacrificios, fatigas y sufrimientos…

“Nuestro Redentor ya ha visto gran parte del fruto de Sus sufrimientos.  Nuestro mundo una vez estéril, regado por Sus lágrimas y Su sangre, ya está listo produciendo una gran cosecha de justicia y salvación.  Su cruz, como la vara de Aarón, ha brotado y reverdecido comenzando a dar fruto precioso e incorruptible. Desde Su cruz surgió todo el conocimiento religioso, toda la bondad verdadera, toda la felicidad verdadera que ha existido entre los mortales desde la caída. En Su cruz, que al igual que la escalera de la visión de Jacob, une el cielo y la tierra, millares tienen un inicio inmortal, los que una vez se hundían en un abismo sin fondo, han ascendido a las mansiones celestiales: Otros millares, ahora viven y seguirán este ascenso.  En los patriarcas, profetas y los israelitas piadosos; en los apóstoles, y otros predicadores del Cristianismo primitivo; en numerosos convertidos, quienes, por Su mediación, fueron convertidos de la oscuridad a la luz, en todos los individuos verdaderamente piadosos, que han existido entre los hombres y en todos los verdaderos cristianos que están ahora en la tierra, nuestro Redentor ha visto los frutos de Sus sufrimientos. En cada cristiano verdadero del presente momento, Él ve uno de Sus frutos, ve un alma, que ha sido redimida por Su sangre de la miseria sin fin y la desesperación, y lo ha hecho un heredero de la gloria, el honor y la inmortalidad.  Entonces, ¿cuánto?, ¿como cuánto? Él ya se ha visto en el cumplimiento total de la promesa en nosotros.  ¿Cuántas almas inmortales han sido arrancadas de las brazas del fuego eterno? ¿Cuántas personas han sido instruidas, santificadas, consoladas, perdonadas, y hechas más que vencedores, por medio de Él que los amó?, ¿Cuántas familias piadosas se han regocijado juntas en Su bondad?. ¿cuántas iglesias han sido plantadas, regadas y hechas florecer? ¿Cuánta felicidad tienen los miembros de todas estás iglesias disfrutando en la vida, en la muerte y en el cielo?, ¿Cuán grande, casi innumerable, es la multitud de espíritus felices, redimidos de entre los hombres, que están ahora rodeando el trono de Dios y el Cordero?  Incluso mientras hablo, el número de esos espíritus felices, y la cosecha que surge de los padecimientos del Salvador, sigue aumentando.  Mientras hablo, pecadores en diferentes partes del mundo se están uniendo al reino de Dios.  Aún mientras hablo, almas inmortales, lavadas por la sangre del Salvador, santificados por Su Espíritu, que acaban de hacerse victoriosos sobre el último enemigo, la muerte, están entrando en el cielo desde las cuatro partes del globo, iniciando su canción eterna: “ Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con Su sangre, sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos.”

“Y mientras nuestro tres veces bendito Redentor de esta manera ha visto, y sigue viendo la felicidad de los humanos que aumentó en Sus sufrimientos, Él ha visto también, y todavía ve la Gloria de Dios aumentando en un grado igual.  Ha visto a millones, que antes eran enemigos de Su Padre, transformados en amigos; ha visto millones, que una vez ciegamente adoraban dioses falsos, atribuyéndoles a ellos la gloria de la creación, la preservación y el gobierno del mundo, convertirse de sus ídolos para adorar al único y verdadero Dios vivo, quien hizo el cielo y la tierra.  Él ha visto multitudes obedeciendo y honrando la ley de Su Padre, quienes, para Él, podrían haber continuado pisoteándola bajo sus pies.  Él ha visto diez mil veces diez mil oraciones y atribuciones de elogio, ascendiendo por todo el mundo, las cuales, sin su intermediación esto sacrificios espirituales no podrían ser aceptados por Su Padre. Él ha visto el trono eterno rodeado, y el que esta sentado en él adorado por innumerables multitudes, que una vez deshonraron a Dios en la tierra, y se preparaban para blasfemarle en el infierno. En pocas palabras, Él ha visto Su religión volando por el mundo como las alas de los ángeles, esparciendo bendiciones dondequiera que llega y proclamando a viva voz en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres y Gloria a Dios en las alturas.  Sin duda la predicación que nos ocupa ya se ha cumplido parcialmente.”

Por Edward Payson (Obras completas, Vol. 2, pp. 152-154)

Traducido por Marisol Bustamante.

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