William Hendriksen escribió, “Para salvarnos Jesucristo tendría que ser en una misma persona divina y humana, divina de manera que le otorgue a su sacrificio infinito valor.” (CNT, Gálatas p.159).

Abraham Hellenbroek escribe, “¿Porque debe Cristo ser Dios? … para atribuir infinito valor a sus méritos – Isaias 63:1-3” (Verdades Divinas, p.46).

John Newton escribió, “Pero el Mesías no solo tenía que obedecer la Ley por nosotros, El tenia también que expiar, sostener, y agotar, la maldición por el pecado. En este intento, ninguna mera criatura hubiera podido soportar aquello ni tampoco pudieran los sufrimientos de una criatura ser la interpuestos por el universo, ángeles y hombres como consideración suficiente para reivindicar la justicia y verdad de Dios en remisión por el pecado, después de haber determinado y solemnemente declarado ‘la paga del pecado es muerte’” (Obras, Vol.4, p.61).

Stephen Charnock escribió, “No hubo cambio alguno en la naturaleza Divina del Hijo, cuando asumió la naturaleza humana. Hubo una unión de dos naturalezas, pero no un cambio de la naturaleza Divina a la humana, o viceversa: Ambas conservaron sus propias particularidades… El tomo la ‘forma de siervo’, pero no perdió en nada la forma de Dios; Él no se despojó a si mismo de las perfecciones de la Deidad. Él fue en efecto, vaciado, ‘y llego a ser sin reputación’; pero no dejo de ser Dios, aunque aparentemente era solamente un hombre, y uno de sencilla condición. La Gloria de su Divinidad no se extinguió, ni fue disminuida, aunque fueron opacadas, bajo el velo de nuestras debilidades; sin existir ningún cambio al ser escondida, así como no hay ningún cambio en la composición del sol cuando es interpuesto por una nube. Su sangre cuando estaba fluyendo por sus venas, era la “sangre de Dios” (Hechos 20:28); y, por lo tanto, cuando inclinaba la cabeza de Su humanidad sobre la cruz, Él tenía la naturaleza y las perfecciones de Dios; Porque si hubiera dejado de ser Dios, hubiera sido una simple criatura, y sus sufrimientos hubiesen sido de poco valor y satisfacción como los sufrimientos de cualquier criatura. Él no hubiera podido ser un suficiente mediador…” (Atributos, p.339-340).

Thomas Boston escribió, “En estos nuestros días tristes, en los cuales parece existir una conspiración en contra de nuestro glorioso Redentor, y la doctrina del Evangelio es un ida y vuelta en una nube de oscuridad, no solo es muy deshonrada la obra de Cristo por su gente, sino que el mismo fundamento del Cristianismo es atacado, al negar la suprema Deidad del Hijo y su equidad con el Padre; la cual ha sido largamente seguido por monstruosas blasfemias, y practicas heréticas en contra de la Trinidad. Pero ay, ay, a la humanidad pecadora, si Cristo no es el Dios supremo. Los Santos están todavía en sus pecados, su fe, esperanza y todo ha sido vano, arrancado desde su fundamento. Porque entonces sus sufrimientos no son de infinito valor, sin poder equiparar la ofensa hecha a un Dios infinito. Pero sabemos con seguridad, pecadores, que todavía hay espacio, sobre la cuenta de los sufrimientos de la Cruz, porque Él es el compañero del Padre (Zacarías 13:7), El igual al Padre (Filipenses 2:6). “Él es Jehová, en cuanto a nuestro Redentor, el Señor de los ejércitos es Su nombre, el santo de Israel. Y este es Su nombre, por lo cual debe ser llamado el Señor de nuestra justicia.” (Obras, Vol.3, p.266-267).

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