“Lucas escribe para el establecimiento de la Iglesia. Él quiere que sus lectores entiendan que él ha escrito su Evangelio para ‘el establecimiento’ del pueblo de Dios. Un registro escrito hace esto ‘más seguro’ que lo que hubiera sido alcanzado por la confianza en la memoria y recuentos orales. Él ha escrito de manera que Teófilo y otros puedan  conocer la certidumbre de aquellas cosas en las cuales ellos habían sido instruidos. Vendrá un tiempo cuando no habrá el testimonio de testigos oculares, aunque fue por tales testigos orales que la verdad fue entregada inicialmente a la iglesia. Las cosas que son creídas con mayor certeza fueron entregadas por aquellos que desde el comienzo fueron testigos oculares, y ministros de la Palabra. El Apóstol Juan también usó comunicación por escrito para asegurar que los creyentes tuvieran una grata seguridad:

‘Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo’. (I Juan 1:1-4).

Tal testigo basado en la evidencia ocular, había de ser una experiencia que no se repetiría. No habría testimonio de futuro testigo ocular de la vida, enseñanza, oraciones, milagros, sufrimientos y muerte de Jesucristo una vez que la generación ‘en los días de Su carne’ (Heb 5:7) haya pasado. Tal testigo no puede repetirse. Cristo vivió en el primer siglo y solo aquellos vivos en ese entonces pudieron atestiguar lo que habían visto.

“Por eso, en Su infinita sabiduría y misericordia, Dios inspiró hombres como Juan y Lucas para escribir con respecto al Salvador de manera que pueda haber un Nuevo Testamento equivalente al testimonio del Mesías del Antiguo Testamento en las Escrituras Judías. Lucas hace referencias a escritos previos enfatizando que la base de los registros escritos fue el testimonio de los testigos oculares (Lucas 1:2). Escritos de esta calidad de evidencia, por la naturaleza del caso, solo podrían ser entregados una vez, y en el primer siglo, antes de que los testigos oculares murieran.  Todos los libros del Nuevo Testamento se originaron de este contexto de testigos oculares. Esto fue verdad acerca de Pablo quien no solo había visto al Señor resucitado, sino que también trabajó entre los que fueron testigos oculares y apóstoles y aquellos para lo cuales la doctrina y escritos de Pablo les eran familiares (Hechos 9:1-7, Hechos 15, Gálatas 1:15-2:16, y II Pedro 3:15-16). Estas condiciones nunca más pudieron ser satisfechas por un registro acreditado atestiguando la vida, muerte y resurrección de Cristo. Lucas pudo haberse dicho a si mismo: ‘¡Es ahora o nunca!’ Nunca más ninguna supuesta revelación podría declarar tener tal testigo del contexto con relación a Cristo en Su vida, muerte y resurrección como el de las auténticas Escrituras del Nuevo Testamento. Estas circunstancias nunca serán repetidas. Revelaciones como las que existen en el Nuevo Testamento son únicas. El Evangelio de Lucas participa de esta singularidad y Lucas mismo nos dice que él se dedicó a su trabajo con rigurosidad y cuidado para escribir ordenada y coherentemente proveyendo un registro razonable,  completo y totalmente confiable. La traducción griega ‘en orden’ incluye orden lógico tanto como cronológico. Lucas no se está limitando a una secuencia de tiempo sino que está siendo sistemático. Teófilo aparentemente ya había recibido alguna instrucción en la verdad pero Lucas escribe para que él y otros como él de manera que ellos puedan tener un conocimiento seguro de los hechos históricos sólidos sobre los cuales la fe cristiana descansa y el significado espiritual de aquellos hechos. De esta manera la fe forjada por el Espíritu encuentra resultados en un establecimiento en la verdad que es invencible contra el mundo, la carne y el Diablo.” (Escritura, Vol.2, p.2)

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