Charles Spurgeon escribe: “Ahora vallamos un poco más, y veamos cómo Cristo es llamado seguidamente: “El brillo de la gloria del Padre.” Cubre tus ojos, porque no podrás admirar este espectáculo maravilloso sin ser deslumbrado. La Versión Revisada de la Biblia lo traduce como, “el resplandor de Su gloria;” pero no veo que sea mejor esa expresión que la palabra. “brillo.” Algunos comentaristas dicen – y no es una mala ilustración, sin embargo no se debe forzar una figura demasiado lejos – que, como la luz es al sol, así mismo es Jesús para la gloria de Dios. Decir que Él es el brillo de aquella gloria; se refiere a que no hay ninguna gloria en Dios, que no esté también en Cristo: y cuando esa gloria alcanza su clímax, cuando el siempre glorioso Dios es más glorioso, es cuando esa grandiosa gloria está en Cristo. Oh, que maravillosa palabra de Dios – el clímax de la Divinidad – la recopilación de cada bendito atributo en toda su infinita gloria “(El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano, vol.45, p.389)

William Gouge escribe: “Todo esto amplifica el punto en cuestión, y muestra que el Hijo estaba en la más grande excelencia de su Padre, ni un ápice inferior a Él, sino igual en todos los sentidos. Él era el brillo, el brillo de su Padre, y aún el brillo de la gloria de su Padre. Cualquier excelencia que estaba en el Padre, la misma estaba igualmente en el Hijo, y de la manera más deslumbrante. Gloria proclama excelencia; El Brillo de la gloria, la excelencia de la excelencia”. (Hebreos p.16)

Traducido por José Alcivar

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