“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Mateo 28:18-20 LBLA

Es importante que comencemos  nuestra discusión acerca de misiones considerando las verdades fundamentales que son reveladas en la misma Gran Comisión. «¿Qué es la Gran Comisión?» Y «¿Qué nos manda a hacer?» solo al responder estas preguntas podemos evitar los trágicos errores de hacer los que es correcto en nuestros propios ojos.[1] Antes de seguir avanzando o hacer algo, debemos entender qué es lo que tiene que ser hecho. Dios dijo a Moisés con respecto a la construcción del tabernáculo, “

“Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.”[2] ¿Cuánto más cuidadosos debemos ser al llevar la más grande causa de Dios de acuerdo al patrón que nos ha mostrado en las Escrituras? Sería una terrible pérdida haber dedicado nuestras vidas enteras a la Gran Comisión solo para descubrir en el Día Final que hemos vivido nuestras vidas y ordenado nuestros ministerios en maneras que son ¡contrarias al mandamiento de Cristo! Toda a nuestra sinceridad, seriedad, y generosidad no compensará el haber vivido y ministrado en una manera contraria a la voluntad de Dios.

Sobre la base de esta advertencia, volveremos nuestra atención hacia ala Gran Comisión como está escrita en las Escrituras. Nos enfocaremos en Mateo 28:18-20, el cual es el texto más completo y conocido de los cinco pasajes de la Gran Comisión.[3] De este texto buscaremos extraer las verdades fundamentales con respecto a lo que la Gran Comisión es y a lo que nos manda a hacer.

La Gran Comisión

El descriptivo título, «Gran Comisión,» no es usado en las Escrituras, pero expresa apropiadamente el significado y la importancia del mandato de Cristo a la Iglesia para la evangelización del mundo. El diccionario define una «comisión» en los siguientes términos:

«Una orden formal o autoridad que otorga ciertos poderes o privilegios y autoriza o manda la realización de ciertos actos y deberes; una orden que confiere autoridad para levantar y comandar una tropa.»

A la luz de esta definición, no es difícil ver por qué el término «comisión» ha sido frecuentemente empleado con referencia la mandato de Cristo a la iglesia de hacer discípulos de todas las naciones. Los paralelos entre el término y el mandamiento de Cristo son sorprendentes: (1) La iglesia ha sido puesta bajo la solemne e irrevocable obligación de hacer discípulo de todas las naciones; (2) La iglesia tiene la orden o autoridad de levantar un ejercito de predicadores del tamaño que sea necesario para completar su obligación; (3) la iglesia tiene la autoridad de enviar a sus predicadores a toda nación sobre la tierra sin limitación de jurisdicción o restricción de número; (4) La iglesia tiene la autoridad y obligación de usar cualquier medio bíblico necesario para lograr su tarea. (5) La iglesia siempre será la iglesia militante sobre la tierra hasta que ella sea coronada la iglesia victoriosa en el cielo.

El Gran Mandamiento

La primera gran verdad que debemos comprender con respecto a la Gran Comisión es que no es el más grande mandamiento, pero fluye de éste. El más grande de todos los mandamientos es que debemos amar al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente, y fuerza. El segundo es similar: debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.[4] De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas, [5] y de estos don mandamientos fluye el ímpetu de la Gran Comisión. EN otras palabras, la Gran Comisión es un trabajo de amor. Así como los cristianos crecemos en el amor de Dios, de la misma manera crece nuestro deseo de que el nombre de Dios sea Grande entre las naciones desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.[6] así como crecemos en nuestro amor por Cristo, así también crece nuestro deseo de que el Cordero pueda recibir la recompensa completa for Sus sufrimientos,[7] y que toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Él es Señor.[8] Así como crecemos en nuestro amor por nuestros prójimos lejanos y cercanos, así crece nuestra compasión y sincero deseo de trabajar para su salvación.[9]

Así, el misionero no solo debe “ir” con doctrina bíblica, usando medios bíblicos, sino también él o ella debe también ir con motivación bíblica << un ferviente amor por Dios y Su pueblo>>. Tal amor no es una opción para el misionero sino un absoluto esencial. El aspirante candidato misionero y el veterano en el campo deben constantemente buscar cultivar y nutrir tal amor al renovar sus mentes en la Palabra, tener comunión con Dios en oración, y ministrar entre las masas. Sin la Palabra de Dios, el amor se volverá antibíblico; sin oración, se volverá débil; sin ministerio, se volverá teórica y romántica.

  1. Jueces 17:6; 21:25
  2. Éxodo 25:40; Hebreos 8:5
  3. Mateo 28:19-20; Marcos 16:15; Lucas 24:46-49; Juan 20:21; Hechos 1:8
  4. Mateo 22:37-39; Marcos 12:30-31; Lucas 10:27
  5. Mateo 22:40
  6. Malaquías 1:11
  7. Una cita con frecuencia atribuida al movimiento misionero moravo (ver también Salmos 2:8; Isaías 53:8)
  8. Filipenses 2:10-11
  9. Mateo 9:36; Romanos 9:1-3; II Timoteo 2:10

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