“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.” Mateo 28:18

La importancia de la declaración de Cristo de Su absoluta autoridad, tiene la más grande importancia para llevar a cabo la Gran Comisión de la iglesia. Esto viene a ser especialmente aparente a la luz de dos hechos innegables «la colosal naturaleza de la tarea y la debilidad de los individuos que han sido llamados a llevarla a cabo». En los versos que inmediatamente preceden a la declaración de autoridad de Cristo, leemos lo siguiente:

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron.” [1]

Nuestro texto revela un grupo de hombres que parecen los menos indicados para cambiar el mundo. Ellos no eran grandes hombres de fe o valor. Así como nosotros, ellos eran una mezcla de creencia y duda, obediencia e indecisión, deseo y temor. Ellos no eran personajes de leyendas! Sin embargo, Jesús discierne la debilidad de ellos y a encontrarse con ellos. Él contrarresta sus dudas y temores con la declaración de Su absoluta autoridad sobre todo sin excepción, limitación, o restricción. En las siguientes observaciones, David Brown y John Trapp presentan de una manera brillante esta interacción:

“¡Cuales debieron haber sido los sentimientos que tal Comisión despertara! ‘¿Nosotros conquistamos el mundo por Ti, Señor, quienes apenas hemos conquistado nuestras propias dudas; nosotros, pescadores de Galilea, sin letras, ni medios, ni influencia sobre la más humilde criatura? No, Señor, note burles de nosotros.’ ‘No me burlo de vosotros, ni los mando a la guerra en vuestra propia cuenta: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id. He aquí  Yo estaré con vosotros todos los días. Por tanto id.’”[2]

“¡Ve! En esta mi fuerza, como Gedeón hizo con los Madianitas (Jueces 7:13) y aunque solo un pan de cebada, tosco y despreciable, derribaréis las tiendas del mundo, sí, las fortalezas de Satanás; aunque solo tengáis lámparas y cántaros en vuestras manos, lograréis grandes cosas.”[3]

La declaración de suprema autoridad de Cristo tuvo su efecto deseado. Los discípulos rápidamente se volvieron personajes de leyendas. En una generación ellos conquistaron  reinos y “trastornaron el mundo.”[4]

Esta misma autoridad, la cual ha ayudado a la iglesia contra insuperables dificultades por los pasados dos mil años, continua el día de hoy con con la misma fuerza. Si la iglesia en esta presente generación ha de cumplir la tarea de llevar el evangelio a toda criatura bajo el cielo, ella debe una vez más confiar sin reservas en el cetro de Cristo. Si el misionero del día presente ha de ser verdaderamente un instrumento para el avance global del reino de Cristo, él debe poner de lado toda confianza en la carne y encontrar su fuerza y valentía en la absoluta autoridad e inextinguible poder de Aquél que lo envió.

Cuando comparamos el malevolente poder de esta era caída con nuestras propias debilidades, la Gran Comisión pareces ser un tarea completamente imposible. Pero cuando vemos hacia el Cristo exaltado quien ha conquistado y sigue conquistando,[5] somos capaces de creer lo que es imposible para los hombres, es posible con Dios.[6]

En conclusión, ¿qué significa que toda autoridad ha sido dada a Cristo en el cielo y en la tierra? Significa que, “aquel que anda de aquí para allá llorando, llevando la semilla de la siembra, ciertamente  volverá con alegría, trayendo sus gavillas.[7] Significa que habrá ”una gran multitud que nadie puede contar, de toda nación y toda tribu y lengua, frente al Cordero, vestidos con túnicas blancas, con palmas en sus manos, clamando a gran voz, ‘la Salvación pertenecen a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.’”[8]

  1. Mateo 28:16-17
  2. David Brown, Los Cuatro evangelios, The Four Gospels, p.134
  3. John Trapp, Comentario del Antiguo y Nuevo testamento, Commentary on the Old & New Testament, Vol 5, p.281-282
  4. Hechos 17:6
  5. Apocalipsis 6:2
  6. Mateo 19:26; Marcos 10:27; Lucas 18:27
  7. Salmos 1126:6
  8. Apocalipsis 7:9-10

1 Comentario

Giselle Mares Prado

Gracias Paul, leyendo tus libros y escuchando tus predicciones pude darme cuenta de qué en verdad necesitaba conocer al Dios de la biblia y que era lo único que tenía importancia en esta vida.


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