En Hebreos 10:5, el escritor cita Salmos 40:6 y lo aplica a Cristo: “Un cuerpo preparaste para Mi.” Como era su práctica, el escritor está citando a partir de la Septuaginta, que es la traducción griega del Antiguo Testamento hecha por los judíos de habla griega en Egipto durante los siglos III y II antes de Cristo. Fue ampliamente utilizada por la iglesia primitiva. Sin embargo, esta cita difiere del Antiguo Testamento hebreo que dice: «Mis oídos habéis abierto». Este cambio en la traducción se explica mejor por los siguientes autores:

Donald Guthrie escribe, “El cambio es sorprendente y la Septuaguinta debe ser considerada como una interpretación y extensión del hebreo. La provisión de oídos muestra la demanda de oír e implícitamente la expectativa de obediencia. El cuerpo, por supuesto, incluiría la facilidad de oír, pero va más allá. La declaración se refiere al perfecto funcionamiento del cuerpo humano, que sólo se cumplió en Cristo. Tal como se aplica aquí, la cita sugiere que lo que Cristo hizo tuvo que hacerse en el «cuerpo», es decir, como un ser humano. Era un hombre quien debía demostrar el cumplimiento perfecto de la voluntad de Dios” (Traducido de: TNTC, Vol.15, p.204).

F.F. Bruce escribe, “La versión griega no puede ser explicada como representando una lectura hebrea variante o corrupta; Es más bien una paráfrasis interpretativa del texto hebreo. El traductor griego evidentemente consideraba que el hebreo funcionaba como un ejemplo de pars pro toto [latín: tomando una parte por el todo]; El «cavar» o el hueco de los oídos es parte del trabajo total de la creación de un cuerpo humano. En consecuencia, lo hizo en términos que expresan totum pro parte [latín: tomando el todo por una parte]. El cuerpo que fue «preparado» por Dios para el hablante por Dios es devuelto a Dios como un «sacrificio vivo», para ser usado en el servicio obediente a Él” (traducido de: NICNT, Hebreos, p.232).

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