Matthew Henry escribe, “¿Podría el hombre ayudarse a sí mismo para salir de su estado de pecado y miseria? No: porque cuando éramos débiles, Cristo murió por los impíos (Romanos 5:6). ¿Podría alguna criatura ayudarnos? No: porque ninguno de ellos puede en manera alguna redimir al hermano (Salmos 49:7). ¿ Sólo Dios mismo podría ayudarnos? Sí: Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda (Oseas 13:9). ¿Planeó Dios un camino para la recuperación del hombre? Sí: Él provee medios para no alejar de sí al desterrado (2 Samuel 14:14). ¿Fue la idea de la sabiduría infinita? Sí: Es la sabiduría de Dios en un misterio, predestinada antes de los siglos para nuestra gloria (2 Corintios 2:7). ¿Ha provisto Él de un camino para nuestra recuperación? Sí: “halló redención” (Job 33:24)” (Traducido de Shorter Catechism, p.190).

George Swinock escribe, “La notoriedad y malignidad del pecado procede de la dignidad de la persona contra quien es cometido, como en gran medida he mostrado en otros lugares. Debido a que la autoridad de un Dios infinito es despreciada, la ley de un Dios infinito desobedecida, el amor de un Dios infinito subestimado, y la imagen de un Dios infinito desfigurada por el pecado, por eso hay una sanción infinita en el pecado: Y porque el hombre no puede dar satisfacción infinita en valor, por lo tanto debe proporcionar esa satisfacción que es infinita en tiempo, o más bien en su eternidad (Salmos 49:7-8, y Salmos 51:4; Job 7:20). Y considerando que Dios estaba determinado en tener satisfacción completa por el pecado, imagino que Cristo mismo no podría haber satisfecho los pecados de ninguno, si es que Él no hubiera ofrecido un sacrificio de infinito mérito para responder al castigo infinito del pecado. Pero aquí la sabiduría y bondad de Dios sobreabundó, al proveer un antídoto más fuerte que el veneno; mientras que el pecado es infinito al ser cometido contra un Dios infinito; el sacrificio de Cristo es infinito como ofrenda a una infinita Majestad, y ofrecida por Uno que era una infinita Majestad; cuya persona siendo infinita, presentó Su sacrificio de semejante e inagotable valor y mérito” (Traducido de Works, Vol.5, p.305).

Thomas Boston escribe, “‘Dios dirigió Su amor hacia nosotros (dijo el apóstol), en ese momento que aún éramos enemigos, Cristo murió por nosotros.’ ¡Oh cuán costosa bondad y amor es éste! Nuestra redención le costó a Dios más de lo que le costó la creación entera. ‘La redención del alma es preciosa,’ (Salmos 49:8) dijo el salmista. ‘No somos redimidos con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa de Cristo’ (I Pedro 1:18-19). Aquí Dios se despojó de Su joya más costosa, y del eterno deleite de Su alma. Esto costó a Cristo muchísimo. El Hijo de Dios descendió para ser eclipsado, y los haces de Su gloria sean velados. Él se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres… Él fue un varón de dolores, y y experimentado en quebranto… Él soportó con paciencia sin paralelos toda la ira y miseria que Su pueblo merecía haber sufrido por siempre en el infierno. ¡Oh qué temible diluvio de ira y ardiente indignación cayó del cielo sobre nuestra arca, de la cual el arca de Noé solo fue un tipo! Él fue golpeado y molido a polvo mientras estaba en Su agonía en el huerto. ¡Oh cómo hervía Su inocente alma bajo el fuego de la ira divina! Su sangre traspasaba cada poro de la vasija, por lo extremo de la flama. Dios no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo trató con extrema severidad. Él pagó hasta la última pizca de satisfacción que la justicia pueda demandar por el pecado de Su pueblo. ¡Oh que admirable amor y bondad está manifestada aquí!” (Traducido de Works, Vol.1, p. 120,121).

Publicar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *