“La confianza es representada abundantemente como una cosa principal en el particular respeto que es debido solo a Dios. Y  sin embargo, ¿cómo es Cristo representado como el particular objeto de la fe y confianza de todo el pueblo de Dios, de todas las naciones, teniendo toda suficiencia para ellos? Confianza en algún otro es grandemente condenada; es una cosa, a lo cual nada es presentado más peligroso, provocar a Dios, y que trae Su maldición sobre el hombre” (Traducido de Works, Vol.2, p.499).

“Se habla de la Salvación como que es de Dios, en oposición al hombre, y a toda la ayuda de las criaturas, ‘Ciertamente engaño son las colinas, y el tumulto sobre los montes; ciertamente, en el Señor nuestro Dios está la salvación de Israel’ (Jeremías 3:23). ‘Danos ayuda contra el adversario, pues vano es el auxilio (Heb. salvación) del hombre’ (Salmos 60:11; 108:12). ‘Yo, el Señor, soy tu Salvador y tu Redentor’ (Isaías 60:16). ‘No confiéis en príncipes, ni en hijo de hombre en quien no hay salvación. Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios’ (Salmos 146:3, 5). Salvación en o por otra persona es negada,’Vio que no había nadie, y se asombró de que no hubiera quien intercediera. Entonces su brazo le trajo salvación, y su justicia le sostuvo’ (Isaías 59:16)… Es dicho que Su prerrogativa es ser la roca de salvación, que ha de ser confiada por los hombres ‘Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación’ (Salmos 95:1); ‘Sólo El es mi roca y mi salvación, mi baluarte, nunca seré sacudido’ (Salmos 62:2). ‘Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de El viene mi esperanza. Sólo El es mi roca y mi salvación, mi refugio, nunca seré sacudido. En Dios descansan mi salvación y mi gloria; la roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios. Confiad en El en todo tiempo, oh pueblo; derramad vuestro corazón delante de El; Dios es nuestro refugio. Los hombres de baja condición sólo son vanidad, y los de alto rango son mentira; en la balanza suben, todos juntos pesan menos que un soplo. (Salmos 62:5-9). [Ver Deuteronomio 23:4; II Samuel 23:3; Salmos 18:2; II Samuel 22:1-2, 31-32; Salmos 18:2, 30-31, 46; Isaías 26:4; Hebreos 1:12.].” (Traducido de Works Vol2, p. 505)

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